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Rubén

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Rubén

Mensaje por Administración el Lun Mar 28, 2016 11:13 pm

Sobre un verde manto herbáceo, como siempre, inmóvil está Rubén. Sus pies muy juntos, el talle erguido y sus brazos… abiertos como ramas extendidas sedientas de unas gotas de cariño. Sólo se mueve con suave vaivén si sopla hacia él muy fuerte el viento y cuando lo acaricia con ternura una lluvia menudita. Así, su mirada triste dirige al cielo agradeciendo esa limosna de nube... Entonces, muy esperanzado abre las palmas arrugadas de sus manos llenas de cayos, porque él se cree un árbol.

Todos los días al pasar lo veo allí, estático…

Árbol con corazón de humano o tal vez lo contrario…

Un humano con corazón de árbol aguantando burlas y maltratos de los transeúntes, quienes en un clima emocional inclemente lo azotan en el parque a diario.

Su rostro refleja una inmensa melancolía y solo aflora en sus labios una sonrisa, si por azar en sus brazos se posa un pájaro, para alegrarle con su canto al loco Rubén esa atormentada y extraña vida.

Pero ya no aguanto y me le acerco… con suavidad le hablo:

- ¡Hola Rubén!
- No me saludes responde, porque no puedo contestarte… ¿Acaso no ves mujer que soy un árbol?
- ¡Perdona, yo solo te veo como un humano!

Y Rubén responde…

- Hace mucho tiempo fui un hombre de la vida enamorado…Hoy no recuerdo cuando.
- Amé, sí… ¡Con locura extrema amé a una hermosa mujer! Pero solo me buscaba por interés, dinero y posición producto de mi trabajo.
- El alma ante ella desnudé como el árbol que de su fronda se despoja exponiendo al cielo sin pudor ni reparo su tallo.
- Me desprendí de las hojas, y en cada una de ellas le ofrendé todo mi amor…Caricias, pasión, ternura, besos y comprensión que nunca valoró.
- Tuve fe en ella… ¡Pérfida mujer!... le obsequié las flores más bellas de mis primaveras y permití que de todas libara su néctar… ¡Pero ese querer fue solo una tonta quimera!
- Con la esperanza de ver retoños dejé caer en su cuerpo todos mis frutos, para sembrar en su mala entraña las semillas de mi cosecha.
- ¡Cuánto esperé que en su vientre germinaran y crecieran estrellas!...
- Pero era tan mala tierra que nunca en ella prosperó nada.
- Aquí, en este parque quedamos un día en encontrarnos y de esperar que apareciera me anclé en los recuerdos echando raíces, sí…evocando a ese ser amado me quedé esperando toda la vida.

Ante aquellas palabras pronunciadas por un árbol humano, caí junto a sus pies conmovida y fue hondo el dolor de su historia que exprimió mi alma tanto, que lo regué con llanto.
Rubén abrió lentamente sus manos y de ellas salieron pujantes primordios florales que ante mi atónita mirada crecieron y florearon.

Más no importan otoños, inviernos ni primaveras, como tampoco veranos, porque aún permanece allí aquel hombre con su torso recto, los ojos perdidos y el rostro muy en alto…
Sus brazos son frondas de verdes hojas donde se mecen nidos arrullando pichones entre los trinos de las aves y de sus manos guindan hermosos manojos de flores…

Pasan los años y Rubén el loco sigue allí…
Inmóvil,
estático,
creyendo aún que es un árbol.

©María Elena Ponce®
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