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RadioMisterium

EL PESCADOR ( narración inédita de Gsela)

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EL PESCADOR ( narración inédita de Gsela)

Mensaje por Administración el Miér Mar 09, 2016 11:52 pm

RELATOS INÉDITOS DE GISELA

Gisela al fallecer dejó entre sus pertenencias dos libretas de argollas con hojas intercambiables, que usaba como borrador para sus inspiraciones, antes de ponerlas a imprimir.
Como podrá comprobarse, no solo son relatos, sino que tal parecen verdaderos “libretos” con personajes y conversaciones y un “parlamento” como para una obra teatral o telenovela o cine.
El contenido de este otro tema es bastante extenso y requiere de algún tiempo para leerlo y es el siguiente:
*******



EL PESCADOR

Sinopsis Una narración romántica muy singular sobre un encuentro de dos almas y el mar, el cual las une primero y después las separa. Aquí la autora con una visión casi paranormal o profética hacia el futuro, entremezcla sus propias vivencias de una pesca con su propio destino.

*************************************************

Nos encontramos en Acapulco, un lugar tan bello, que si alguna vez existió el Paraíso Terrenal, por fuerza tuvo que estar aquí.
Acapulco es el más importante centro turístico de México, y a sus playas acuden millones de turistas de todos los confines del mundo. Su población flotante se calcula por miles diariamente, y casi todos los habitantes del lugar viven de una u otra forma del turismo y para el turismo.

Es un domingo 13, día de San Antonio, y como día de por si festivo, el puerto se encuentra bullicioso y alegre, a pesar de ser todavía bastante temprano, casi de madrugada.
En el muelle se encuentra lista, pletórica de combustible y con refrescos en la heladera para quien lo apetezca, “La Potranquita” , un yate dedicado al alquiler para salir de pesca en alta mar, como hay muchas en el puerto.
Sentado en una de las sillas de popa, se encuentra su dueño, Saul, aparentemente uno más de los muchos lancheros, que deambulan por Acapulco. Sin embargo, Saúl es un poco diferente a casi todos los demás lancheros, pues es un hombre respetado por propios y extraños. La gente del puerto lo tiene por bondadoso y honrado, en tanto que entre los turistas tiene fama de conocedor de su oficio, la pesca, y de ser hombre de trato amable, conciente y de responsabilidad como captán de un barco, que se alquila.
Otra cosa que lo distingue de los demás, es el hecho de ser propietario de su embarcación, a diferencia de la mayoría de sus compañeros, que solo son empleados de algún ricachón o político, que tiene un yate además de sus propiedades y negocios.

Saul ha trabajado muy duro desde joven, como muchos hombres de todo el mundo, pero a diferencia de la mayoría de ellos, supo ahorrar parte de su dinero que ganaba y gracias a eso pudo comprar el yate “La Potranquita” hace ya algunos años, para convertirse en patrón de algún chiquillo, que igual que él, en su infancia, necesitaba el trabajo de ayudante en la pesca, quizás también para ayudar a sus padres.

Saúl ha cruzado ya la berrera de los 50 años y su apariencia general es bastante rústica y en modo alguno, se podría decir, que es un hombre físicamente atractivo, aunque para alguna turista norteamericana tal vez podría resultar atrayente como “latin lover” su tez morena, conseguida a fuerza de estar bajo los rayos de sol durante años, y sus facciones rudas marcadas por el mar y tan típicas del indígena mexicano… nariz ancha, ojos ligeramente rasgados y tan negros como el cabello ensortijado por la acción constante del viento salitroso sobre él.
Saúl sabe tratar a la gente por un don natural y además porque ha logrado lo que otros jamás consiguen, pues ha viajado bastante. Pues en sus “aventuras” ha llegado hasta Europa, compitiendo y quedando en buen lugar en el cruce a nado del “Canal de la Mancha”. Es amigo de gente importante y famosa, desde estrellas de cine hast altos funcionarios políticos y miembros de la más rancia nobleza europea.
A pesar de que seguramente no cursó sino solo unos pocos años de escuela, es un hombre con cierta cultura general, cosa poco común entre las personas de su clase, que mastica lo mismo un poco de inglés, que de alemán o de francés, y que ha leído algunos buenos libros. A vivido mucho, y eso le ha dejado un ligero aspecto pétreo en su gesto y en la piel.
Viste un limpio pantalón corto y está esperando a su amigo Humberto, quien en un tiempo y cuando Saúl aún era joven y necesitado de un patrón para sobrevivir, lo había contratado para que cuidara su yate particular. Con el paso de los años la familia de Humberto se deshizo de ese yate vendiéndolo, sin perder la costumbre de volver en vacaciones a Acapulco una vez al año.
En uno de esos viajes vacacionales, Humberto había vuelto a encontrarse con Saúl, ya como flamante dueño de ese mismo yate, y desde entonces invariablemente lo contrataba por lo menos una vez al año, para salir al mar en lo que había sido su propio yate, y recordar los viejos tiempos mientras buscaban algún rezagado pez vela, que picara en los anzuelos.

El día anterior Humberto fue a contratar a Saúl y a éste le dio mucho gusto y sincera alegría al ver la posibilidad de pasar el día con su antiguo patrón, pues con el paso del tiempo la vida dio vueltas y la relación, que al principio fue de jefe a empleado, se convirtió en la sincera amistad de dos hombres unidos por su respectivo amor al mar y la inmensidad de espacio y vida.
Humberto le había comunicado a Saúl, que estaba muy contento, porque esta vez había venido con sus dos hijas, y que ellas lo acompañarían en el paseo de pesca por primera vez en los últimos 12 años. Saúl no tuvo ni el menor inconveniente a la compañía de las muchachas, pero la verdad es, que tampoco prestó demasiada atención al asunto.

Ahora son ya las 7.30 de la mañana y Saúl tiene se pone de pie, al ver aparecer en el muelle a Humberto, puntual como siempre, en compañía de sus hijas.
Mientras la familia se viene acercando, tiene un poco de tiempo para observar por un instante a cada uno de sus miembros.
A la cabeza viene Humberto, hombre pasado de los 60 años, robusto, bajo de estatura y en buena condición física para su edad.
Después le sigue Julia, la hija menor. Es una muchacha de 20 años, de bastante estatura y tan delgada, que da la impresión de estar todavía en el proceso de desarrollo de sus formas femeninas como una adolescente, pero apenas se cubre con un diminuto bikini rojo.
Hasta atrás, con paso seguro aunque distraída camina Ángela, la hija mayor de Humberto. Ella no se parece mucho a su hermanita, pues aunque como Julia, también lleva puesto un bikini pero de color oscuro. Sin embargo Ángela es toda una mujer y a pesar de estar parcialmente cubierta con una alegre camisa multicolor, no logra ocultar su bien formada figura.
Las dos hermanas bromean y ríen mientras se acercan al yate, se ven alegres y a simple vista difícilmente se nota la diferencia de casi 10 años entre una y otra.
En fracción de segundos Saúl piensa y busca en su memoria el recuerdo de las hijas de Humberto, pero por más que se esfuerza, solo logra recordar un par de chiquillas sin cara, que salían y entraban corriendo por toda la lancha que él cuidaba años atrás.
Conforme el grupo familiar se va acercando, se van borrando misteriosamente ante sus ojos penetrantes las figuras del padre y de la hija menor, quedando como rodeada por una luz brillante solo la presencia de ängela, quien ni por un instante parece prestarle atención al capitán del yate… ni siquiera cuando éste le brinda la mano para subir abordo la muchacha le da las gracias o lo mira a los ojos.



fin de la primera parte de esta narración y las demás seguirán en una semana, para no abusar del tiempo de los lectores.

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Re: EL PESCADOR ( narración inédita de Gsela)

Mensaje por Administración el Miér Mar 09, 2016 11:52 pm

El ajetreo y las maniobras para levar ancla, no le permiten a Saúl seguir observando a sus pasajeros. Humberto y sus hijas, copnocedorews de las maniobras necesarias para salir del muelle, deciden subir de inmediato al puente de mando de la cubierta superior del yate, para tener una mejor vista del panorama y no enorpecer los movimientos del pequeño marinerito encargado de recoger y acomodar el ancla y las sogas de amarre.
Durante 30 minutos, más o menos, las dos muchachas parecen gaviotas revoloteando por toda la cubierta superior del yate. Están charlando, comentando , riendo, poniéndose el bronceador una a la otra, quitándose la camisa la mayor y poniéndose una pañoleta en la cabeza la menor.
Por recordar tiempos idos, Ángela tomó el timón del yate, que llevaba su padre, pero por dárselo a la revoltosa Julia, quien casi se lo arrebató , para abandonarlo poco después, al ver que la estela que iba dejando la embarcación sobre el agua era zikzaqueante y curvilínea como el caminar de un ebrio, el padre volvió a tomar el mando.
Mientras eso ocurría arriba, en la parte de abajo Saúl y su pequeño ayudante comenzaron a sacar las cañas de pescar ya preparadas, para colocarlas debidamente a ambos lados de la embarcación y así
procuraba echar un vistazo a la cubierta superior, cada vez que le era posible, y sin que eso le llamara la atención a nadie, ni siquiera al pequeño e inexperto grumete.

Habiendo salido ya de la bahía y con proa hacia alta mar, la boruca de las muchachas se fue aplacando y Ángela pudo observar, que el capitán del yate había subido y charlaba a media voz con su padre. Agudizó un poco su oído y pudo darse cuenta, que el tema de conversación de los dos era nada menos que ella misma. Por un momento le chocó, que aquel pescador le preguntaraa su padre cosas sobre ella, y más aún, que éste a su vez le respondiera. Pero como la conversación resultó corta, y Saúl volvió a descender al poco rato a la parte inferior, la muchacha no se preocupó mucho del asunto, pensando que aquel hombre era solo un curioso más de los muchos con los que se había topado en su vida, y volvió a acomodarse para asolearse a gusto, sin siquiera ver la cara del curioso, cuando éste pasó junto a ella en su regreso a la cubierta inferior.

A lo largo de las siguientes dos horas, Ángela resintió observada por momentos por la aguda mirada de Saúl, y guiada por sus experiencias de su vida, se sintió francamente molesta, pero no pudo hacerla a nadie ni el más mínimo reproche, pues cuando ella dirigía fugazmente su mirada hacia el capitán del barco, éste parecía estar atento al funcionamiento del motor, o del curso de la embarcación y de las líneas de pesca extendidas, obligando con ello a Ángela pensar, que todo eran alucinaciones suyas.
Al cabo de estar casi tres horas sobre la cubierta superior, ängela sintió, que el sol comenzaba a lastimarle la piel y decidió resguardarse en la sombra bajando al camarote del yate, y así se lo avisó a su padre:

“…Ya me basta tanto sol, me voy adentro un rato, papi…no te quemes mucho, Julia…” advirtió a su hermana
“…No te preocupes por mi, hermanita..¿Te acompaño abajo?...” respondió Julia con despreocupación.
“…Bueno…”

La primera en bajar la escalerilla atropelladamente fue Julia, después bajó Ángela lentamente para no pisar en falso y midiendo cada uno de los 5 peldaños. De reojo advierte, que el pescador está parado cerca de ella y cuando éste le brinda su mano para entrar al camarote, la muchacha la acepta como un gesto natural y sin importancia.
Una vez dentro del camarote, Ángela se tiende sobre la cama para recibir el aire fresco, que entra por todos lados, ya que todas las ventanillas se encuentran abiertas, y observa con una sonrisa condescendiente, que su hermanita, luego de haber saqueado el refrigerador en busca de un refresco helado, vuelve a subir a la cubierta superior con unas ansias de recibir el sol, como si éste se fuese a apagar para siempre.
Durante 5 o 10 minutos, Ángela permanece sola en el camarote, y observa con atención cda detalle del lugar limpio y bien cuidado y sus ojos se detienen en la gran fotografía de un velero antiguo, que cubre toda la pared, que esta a su pies. En eso estaba abstraída cuando vió que el pescador entró en el camarote, la miró con algo de timidez, y siguió de largo simulando revisar los instrumentos de navegación, que se encuentran ahí adentro. Ángela se hizo la desentendida y aún cuando vió, que el pescador se paraba frente a ella, mirándola y como buscando las palabras para iniciar una conversación, fingió mirar hacia el cielo azul claro, que se distinguía desde la cama a través de la ventanilla. Solo cuando la voz varonil de saúl resuena en el camarote, Ángela se decide a mirarlo a los ojos por primera vez, desde que subiera al yate.

“…¿Está bien aquí?...” preguntó el pescador con acento slícito.
“…Si gracias…” respondió Ángela con una leve sonrisa.
“…Yo quiero, qu esté contyenta aquí, aunque tov¡davía no hayan picado los peces…”
“…Estoy contenta, no se preocupe…”

Hubo unos segundos de silencio, durante los cuales Ángela volvió a mirar por la ventanilla distraídamente, pensando que el pescador se iría en cualquier momento. Pero no fue así, Saúl permanecía parado frente a ella, recargado en una cómoda, con las manos a la espalda y mirando a la muchacha con un algo inexplicable en la mirada. Parecía estar pisando un terreno peligroso y sentir temor de perder el paso y caer en un profundo abismo. Por fin respiró hondo y se decidió a reanudar la conversación, que Ángela creyó terminada:


fin de la segunda parte de esta narración y las demás seguirán en una semana, para no abusar del tiempo de los lectores.


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Re: EL PESCADOR ( narración inédita de Gsela)

Mensaje por Administración el Miér Mar 09, 2016 11:53 pm

Con una ternura muy desacorde con su aspecto físico de recio y curtido hombre de mar, Saúl acaricia nuevamente la cara de la muchacha y vuelve a buscar sus labios, depositando en ellos un beso aún más suave y sentimental, que el primero.
Sin embargo Ángela siente un profundo miedo de corresponder a esa caricia, pues se imagina, que si el hombre se da cuenta, de que ha logrado conmoverla, se burlará de ellap por crédula e inocente. Tantas veces le ha lastimado ver el rechazo en los ojos de la gente, que ahora sus complejos no le permiten ni siquiera creer en lo que está viendo.
Saúl perece darse cuenta de lo que está pasando dentro de la muchacha y se aparta un poco pidiéndole de manera tímida y suplicante:

“…¿Te costaría mucho esfuerzo darme un beso?...”

Con delicadeza induce a la muchacha a volver a recostarse sobre el lecho, y mirando fijamente hacia el fondo de sus ojos, vuelve a encontrar la boca femenina, que hasta aquel momento ha permanecida inertes bajo la presión de los labios. Ángela vuelve a sentir la tibieza de los labios de Saúl y mira sus ojos oscuros que le expresan una honda súplica. Poco a poco entorna sus ojos y comienza a corresponder a la caricia, que tanto ha anhelado recibir y en la que ahora le cuesta tanto trabajo creer, aceptar y corresponder.

Pero la magia dura muy poco. Rl yate recibe la embestida de una ola y se sacude con violencia todo su casco, ocasionando, que Ángela se aleje bruscamente de Saúl, para poner toda su atención en la voz de su padre, quien en la cubierta superior, comenta algo con Julia.

“…No temas, solo ha sido una ola encontrada…” la tranquiliza Saúl.
“…No es eso…creo que ahí viene mi papá…”
“…No lo creo…pero si así es, no hay ningún problema…”
“…¡Cómo que no hay problema, Saúl! ¿Te imaginas cómo reaccionaría al ver que me estas besando?... ¡Te rompería la nariz antes de que pudieras ponerte de pie siquiera!...”
“…Bueno, entonces le pediría tu mano con la nariz rota…” dijo sonriendo Saúl.
“…¡¡Por favor…ya basta de bromas!...es mejor que te vayas a revisar los arreos de pesca, el motor o cualquier cosa, que se te ocurra, pero fuera de aquí….¿o prefieres que salga yo?...”
“…Una vez más te lo rpito, yo no estoy bromeando. Te quiero y deseo casarme contigo. No te estoy pidiendo, que te diviertas conmigo un rato, ni que seas mi amante por un mes. Te estoy ofreciendo mi nombre honestamente. Se que soy muy poca cosapara una mujer como tu, pero te prometo, que trabajaré como burro, hasta caerme muerto, para que tu tengas todo eso a lo que estas acostumbrada. Dedicaré mi vida entera a cuidarte y a protegerte y estando conmigo, nada ni nadie te hará daño. Te ofrezco la vida entera…”

Ángela siente sobre ella el mirar de los ojos penetrantes de Saúl y el corazón le da un vuelco dentro del pecho al descubrir, que en ellos ha aparecido el brillo intenso y emocionado de una lágrima. El pescador la esta mirando con una sinceridad tan grande, que a la muchacha ya le resulta imposible no creer en él, y cuando volviendo a cogerle la mano, la acerca a su mejilla áspera, buscando que ella le regale una caricia, Ángela no pude negarse y suavemente pasa sus dedos sobre la cara del pescador.

De pronto afuera Humberto y Julia comienzan a dar voces llamando a Saúl, al ver que en una de las cañas ha picado un animal mordiendo el anzuelo.

“…Te están llamando…¡ve!...” dice Ángela casi en un murmullo.

Saúl se pone de pie y sale del camarote como alma que lleva el diablo. Es un experto en su trabajo y en cosa de un instante ya se encuentra corriendo de un lado para otro del barco entre el timón interior y la caña de pescar, con la cual pelea Humberto, para procurar que el animal no se escape sacudiéndose el anzuelo.
Ángela mientras tanto permanece acostada y cierra los ojos tratando de fingir un sueño para no ver a Saúl cuando vuelva. Pero el ajetreo sobre cubierta dura cerca de 30 minutos entre el cobro de la pieza, la fotografía correspondiente y la celebración del triunfo con un buen trago de cerveza helada por parte de los dos amigos.
Pasado ese lapso de tiempo, todo vuelve a quedar en calma y únicamente el ruido del motor le recuerda a Ángela, que de seguro pronto volverá a bajar Saúl. Efectivamente fingiéndose dormida, la muchacha ha sentido la cercanía de Saúl, que ha vuelto al camarote y creyéndola dormida, ha permanecido parado junto a ella sin hacer otra cosa que no fuera mirar con embeleso a la mujer, que según él, es la que ha estado esperando desde que se sintió hombre.


continuará******************************************
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Re: EL PESCADOR ( narración inédita de Gsela)

Mensaje por Administración el Miér Mar 09, 2016 11:53 pm

La clara sensación de ser observada acaba por incomodar a la muchacha, quien entreabre los ojos y comprueba, lo que ya había sentido, que Saúl se encuentra frente a ella mirándola como si estuviera embobado. En cuanto éste ve, que Ángela abre los ojos, se dibuja una sonrisa espléndida en su rostro, y al sentarse al borde de la misma cama, le acaricia dulcemente el cabello le dice con ternura:

“…Te ves tan linda dormida, que hasta pareces un ángel que Dios me ha mandado a la tierra, para que nosotros podamos creer aún más en su bondad…”
“…¿Hace mucho, que estas parado ahí?...” pregunta Ángela, tratando de eludir el halago
“…No se,…mirándote no siento pasar el tiempo…¡Ah!...tu padre ha pescado un buen ejemplar y esta muy contento…Es un gran tipo ese hombre…”
“…Si, ahora lo es…” dice Ángeles con tristeza, a lo qu Saúl preguntó.
“…¿Te lastimó mucho la separación familiar?...”
“…Si, en el momento si me lastimó, pero como suele ocurrir, el tiempo lo cura todo…”
“…El tiempo…¡sh!...el tiempo…¿Crees que con el tiempo llegues a quererme?...”
“…¿Todavía sigues con lo mismo?...”
“…Y tu sigues sin creerme…¿Cómo puedo probarte, que estoy diciendo la verdad, niña?...”
“…No lo se…¿Cómo se te ocurre, que te podría llegar a creer?...”
“…Quizás quieras que me hinque de rodillas y con la mano sobre el corazón te diga…”

Fue tan gracioso el ademán que hizo Saúl, que Ángela no se pudo contener y se echó a reír de buena gana y acariciándole la áspera mejilla de propio impulso reaccionó:

“…¡Jam ja, ja!…me parece, que como caballero medieval no hubieras triunfado nunca…”
“…¡Eso es!...¡¡ríete!! ríete aunque sea de mi…¡Es tan linda tu risa! …Nunca más deberías tener ese gesto triste, que has traído desde que te vi…”

Ángela pierde poco a poco la sonrisa y se incorpora sobre la misma cama, echa la cabeza hacia atrás y respira profundamente el aire salado, que entra por todos lados, revolviendo con gracia descuidada su cabello castaño. Luego de contemplar por la claraboya abierta por un segundo el horizonte azul, donde se unen mar y cielo, dice en voz baja, como si hablara para si misma, sin mirar a Saúl, que la contemplaba como extasiado:

“…Me he acostumbrado a no reír demasiado. La cicatriz se nota más cuando me río…”
“…Cuando te ríes, tu risa es tan luminosa y fresca, que no permite ver esa cicatriz , que tanto te preocupa…”
…Por desgracia no es a mi a quien preocupa, es a los demás a quienes impresiona demasiado verla…”
“…Pero repito, si te ríes, se oculta y tampoco la ven los demás…pero eso ya no importa pues yo te amo, nenita, y por amarte a ti, también amo esa cicatriz….”

En un impulso incontenible, Ángela se refugia entre los brazos abiertos de Saúl, que la recibe con suavidad protectora. La muchacha está tan necesitada de un cariño, de un amor distinto al de sus padres y su hermana, quiere y necesita creer en aquel amor improvisado y sincero, que ha encontrado en medio del mar y entre los brazos de aquel hombre maduro, que asegura no haber amado verdaderamente a ninguna mujer, por esperar a que llegara, precisamente ella.
Por una de esas frecuentes y misteriosas casualidades, que más parecen estar guiadas por una mano sabia y sobrenatural, la puerta de camarote se zafa del pasador o retén, que la mantenía abierta y con cierto estrépito se cierra.
Ángela refugiada en los brazos del pescador, ni se inmuta al escuchar el sonido de la puerta al cerrarse, como si hubiera estado esperando,
que ocurriese algo parecido.

Poco a poco se han ido debilitando las defensas psicológicas de la muchacha, que le impedían aceptar lo que esta ocurriendo. Casi sin darse cuenta, decidió hacer a un lado su sensatez y su buen juicio, y vivir, simplemente vivir, lo que Dios o la propia vida le estaba ofreciendo en aquellos momentos. Esta vez las palabras dulces y amorosas de Saúl no se toparon con la fría incredulidad de Ángela. Sus caricias comenzaron a obtener respuesta , y así, esa mujer, que no había conocido el amor de ningun hombre, se entregó con ternura a las suavidades de aquel pescador, que a pesar de haber superficialmente conocido mil mujeres, nunca había ofrecido su corazón, su nombre y su vida entera a ninguna de ellas.

Lo insólito de la situación pasó a un total segundo plano. Dios había destinado a aquellos dos seres tan diferentes, para unirse en un determinado momento de sus vidas…y se unieron…

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Re: EL PESCADOR ( narración inédita de Gsela)

Mensaje por Administración el Miér Mar 09, 2016 11:54 pm

Una hora después, Saúl y Ángela han construido ya un paraíso propio, donde solo hay lugar para la muchacha fea, que a los 30 años ni siquiera había recibido un beso de amor, y ese pescador trotamundos, que románticamente había esperado toda su vida la llegada de una determinada mujer.
En un movimiento inesperado, Saúl se aparta de la muchacha, se pone de pié y va hacia el cajón, donde guarda su pantalón largo. Hurga en uno de sus bolsillos buscando algo con mucho afán y le sonríe a Ángela, cuando lo encuentra. Tiene algo en la mano cuando vuelve a sentarse junto a ella, y mientras con la otra mano le toma la mano comienza a hablar:

“…Supongo, que ya no te negarás a casarte conmigo, así que ponte esto... no es muy fino, pero es antiguo, me lo dio mi madre hace muchos años y era de mi abuelo…”

Sin esperar ninguna respuesta de la muchacha, Saúl introduce su dedo anular un anillo de oro rojo, grande y pesado.
Ángela se mira el dedo enjoyado y por un momento no sabe como reaccionar. Todo en aquel pescador era tan inesperado e inusitado, que la mujer se siente en una constante tensión. Sin embargo, luego de un instante de descontrol, Ángela sonríe y pregunta ingenuamente:

“…¿Y esto qué significa, Saúl?...”
“…Se, que es muy poca cosa para ser un anillo de compromiso, pero te prometo, que ésta misma tarde iré al centro y te compraré uno mejor…” se disculpa Saúl.
“…No, Saúl, éste anillo es muy bello, pero no creo, que deba usarlo yo, si te lo dio tu madre y provenía de tu abuelo, pues es una reliquia de familia y yo no……”
“…¿Aún dudas de la sinceridad de mia palabras y de mi cariño?...”
le corta la palabra Saúl
“…¡No, Saúl! Supongo, que sería muy ingrata, si dudara aún de ti…pero ese anillo es demasiado grande para mi…”
“…No importa, te lo pones en el dedo más grande o en el pulgar, y así no se te sale, pero no lo rechaces por favor, nenita…”
“…Está bien, no lo rechazo…¡pero mira!...no lo puedo traer puesto, se me sale y lo podría perder. Además si lo ve mi papá, tendría que dar muchas explicaciones…”
“…Yo se las daré…voy a hablar con él ahorita mismo…”

Saúl hizo en intento decidido de pararse e ir a hablar con Humberto, quien aún permanecía en la cubierta superior del yate en compañía de Julia, totalmente ignorante de lo que estaba sucediendo en el camarote entre su hija y su amigo.
Al ver, que Saúl estaba decidido, Ángela lo pescó de una mano y lo detuvo:

“…¡No Saúl, espera un poco!...yo mismo se lo diré en un momento oportuno. Además, ésta misma noche saldremos todos de regreso para México…”

El pescador, súbitamente angustiado exclamó:

“…¡¡TU NO TE PUEDES IR !!...”
“…Me tengo que ir…Saúl…”
“…Entonces, a pesar de todo, sigues dudando de mi sinceridad, Ángela…”
“…No. Saúl, ¡te creo! Aunque no se porqué, pero te creo verdaderamente….solo que no se pueden hacer las cosas como tu quieres, ya que si por ti fuera, estoy segura, que querrías arreglar todo para casarnos esta misma noche, habiéndonos conocido apenas esta mañana…”
“…¿Para qué esperar más?...” insistió Saúl a su manera simplista, “…he esperado tanto a que llegaras, que ahora, que te tengo, no quisiera separarme de ti nunca más…”
“…Pero las cosas no se pueden hacer así. Hay papeles que arreglar, trámites legales, que no se pueden soslayar…además tengo que preparar a mi familia para la noticia… No todo se puede hacer de la noche a la mañana…”
“…Esta bien, nena…Supongo, que si te he esperado durante 40 años sin conocerte, bien puedo esperar unos días más, sabiendo, que tu ya me quieres, y que pronto estarás conmigo parta siempre…porqué tu ya me quieres también, ¿verdad?...”
“…Si, Saúl… ni yo misma me lo explico, pero yo también ya te quiero mucho…”
“…Bueno, y si te vas esta noche, ¿cuándo te volveré a ver? …”
“…Regresaré el próximo fin de semana…¿está bien, señor?...”
“…¿Y durante toda una semana no vor a saber de ti?...”
“…Dame un número telefónico al que te puedo llamar y te prometo, que te llamaré todas las noches, para tenerte al tanto de los acontecimientos y la reacción de mi familia, cuando les comunique, que me voy a casar con un hombre, al que acabo de conocer…”
“…Ya me imagino, la cara que pondrán, cuando sepan, que te casas con un hombre viejo, feo, ignorante, y para colmo, pobre como yo…”
“…Me caso con un hombre bueno y que me ha convencido, que me quiere de verdad…”
“…¡¡ SAÚL!!...” se escuchó desde afuera la voz de Humberto llamándolo “…Ya estamos llegando a La Roqueta…toma tu el timón para llegar al muelle …”

El pescador besa fugazmente los labios de su prometida y haciendo un mohín gracioso de resignación, corre hacia el timón, que se encuentra dentro del camarote.
Ángela sonríe ante el gesto de Saúl, y guarda el anillo, que él le acababa de dar, poniéndolo muy cerca de su corazón. Después recostada boca arriba, permanece por unos minutos contemplando a aquel hombre y sonríe para si misma, pensando, en que a pesar de lo absurdo de la situación, acababa de vivir una primera experiencia de amor, y se da cuenta, de que realmente ha surgido en ella un sincero cariño por Saúl.

“La Potranquita” atraca suavemente en el muelle de La Roqueta, y pronto se encuentran todos sentados en un restaurante saboreando deliciosos productos del mar, preparados con un excelente sazón.
Cada vez, que los ojos de Ángela se cruzaban con los de Saúl, éste la estaba mirando con verdadera adoración. Ante la imposibilidad de hablar abiertamente, ambos se concretaban a sonreírse mutuamente con una gran ternura.
Al grupo familiar se unieron pronto algunos conocidos y amigos de Humberto y Saúl, contribuyendo a que el ambiente se tornaba más agradable y ameno, así que ninguno de ellos sintió el paso del tiempo, y cuando el padre de las chicas miró por casualidad su reloj, exclamó asombrado:

“…¡Niñas!...ya son las 7 de la noche y tenemos que estar en el aeropuerto a la 9 para checar los boletos..Saúl nos llevas ya al puerto por favor…”
“…Como no, Humberto, como tu lo dispongas…”

Rápidamente se despidieron de todos allí y embarcaron nuevamente en el yate con rumbo a Acapulco. Diez minutos después, atracaron al muelle y Ángela tuvo que entrar al camarote para recoger algunas cosas que habían quedado ahí. Al verla Saúl, apagó el motor del barco y se aproximó a ella rogándole:

“…No te vayas, amor, déjame hablar ahorita con Humberto. Siento como que si te vas ahora, , ya no volveré a tenerte nunca más, como si todo esto hubiera solo sido un maravilloso sueño…¡no te vayas!,,,”
“…No seas tontito, Saúl, dentro de ocho días ya estaré de regreso y con todo arreglado. Olvida esos presentimientos tristes…”
“…¿De veras volverás?...¿Te has convencido de mi amor?...¿Me quieres tu también?...”
“…¡Si, si, si…Si volveré. Realmente estoy convencido de que te quiero…”

Sus labios se volvieron a acariciar parta luego separarse rápidamente, ql escuchar las voces que desde afuera daba Humberto recordándole a su hija mayor la hora y pidiéndole que se apresurara.
Los nuevos amantes salieron del camarote sin que Saúl soltase la mano de Ángela y con el pretexto de ayudarla a llegar a tierra, la levantó en sus brazos y le repitió al oído con vehemencia.

“…¡Vuelve!...¡Te quiero más, que mi vida!...”
“…¡Volveré!...¡Te lo juro, que volveré!...”

Una vez en tierra firme vinieron las despedidas apresuradas y en cosa de un parpadeo, Saúl quedó solo, parado en medio del anochecer y mirando como Ángela subía las escaleras del muelle y se perdía en la distancia.

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Re: EL PESCADOR ( narración inédita de Gsela)

Mensaje por Administración el Miér Mar 09, 2016 11:55 pm

Ya en el avión, Humberto preguntó cariñosamente a sus hijas, si habían pasado un día agradable de pesca, a lo cual Julia se apresuró a afirmar con infinidad de calificativos atropellados expresando que había estado muy contenta. Pero al ver, que Ángela guardaba un silencio sonriente, Humberto volvió a hacerle la pregunta específicamente a ella:

“…Y tu, Ángela, ¿has estado contenta hoy?...”
“…No te puede ni imaginar, lo que ha significado este día para mi, papi… éste ha sido el más hermoso día de mi vida, el que había estado esperando desde hace 15 años…”
“…Me alegro mucho, de verte tan contenta, y te creo, porque hace mucho tiempo, que no te veía ese brillo en los ojos...a lo mejor por la asoleada…” dijo el padre sin sospechar siquiera los verdaderos motivos de la felicidad de su hija.
“…Tal vez, papi…tal vez sean los efectos de sol…” dijo Ángela con ese algo de picardía que todos tenemos, cuando guardamos un secreto de felicidad.

Julia conocía bien a su hermana mayor y se había dado cuenta, de que algo extraño le ocurría, pero como ni era el momento oportuno para interrogatorios, se limitó a sonreír con un poco de malicia.

Humberto se quedó dormido en el trayecto de Acapulco a México y Julia entabló una alegre charla con un compañero de asiento. Así que Ángela pudo guardar silencio y disfrutar calmadamente de todos y cada uno de los detalles de aquel día mágicamente maravilloso, que ahora ya en tranquilidad, volvía a recorrer en su mente.

El avión llegó retrasado a México, así que cuando la familia llegó a casa, ya era demasiado tarde para cualquier conversación, y todos se fueron a dormir apenas dándose las buenas noches mutuamente.

---------- o ---------


El día siguiente era día hábil, día de trabajo, de estudios y de rutina, uno de esos días capitalinos, en los que nadie tiene tiempo ni de respirar, y mucho menos de sostener una plática seria con la familia, para anunciar, que uno va a contraer matrimonio de la noche a la mañana. Así que Ángela no halló la oportunidad para comunicarle lo sucedido ni a su madre, con la cual vivía, ni a su padre, con quien había viajado a Acapulco.
Durante todo aquel dianuela estuvo acariciando con los dedos aquel anillo, que le había entregado Saúl, y que llevaba guardado en el bolsillo de su falda. No decía nada, pero sonreía por lo bajo y en silencio, mientras cumplía con sus tareas diarias.
Julia que ya había notado, que algo le sucedía a su hermana, tampoco había encontrado el momento propicio para buscar sus confidencias, y afortunadamente el cielo estaba bien nublado y el mal tiempo reinante hacía, que en la memoria de Ángela pareciera aún más luminoso y bello el día anterior.
Por la radio se anunció, que había un huracán en el Pacífico, y la muchacha escuchó la noticia como acostumbraba hacerlo desde siempre, pero sin mucho interés. Ella estaba contenta, muy contenta. Por primera vez en su vida un hombre le había hablado de amor y había besado sus labios, y esto le había hecho recobrar la confianza en sí misma, que los constantes desengaños y crueldades de la “humanidad” le habían ido quitando día a día. Al mirarse al espejo, le parecía que la horrenda cicatriz de su cara se había estado disminuyendo de tamaño e intensidad y se sorprendió mucho, cuando recibió y contestó una alegre sonrisa de un vecino, que antes siempre había evitado el cruzarse con ella.
En la memoria de Ángela estaba la cara tosca del pescador repitiéndole “te quiero, te quiero” y ese recuerdo la hacía feliz. Por momentos recobraba la conciencia dándose cuenta de la situación y se recriminaba a sí misma pensando:

“…¡Ya basta, Ángela!... tienes 30 años y te estas portando como una quinceañera tonta… pero es la primera vez, que me hablan de amor…y ¡¡es la primera vez que me proponen matrimonio !!...y siendo la primera vez, qué diablos importa , si tengo 15 o si tengo 30 años…” acaba justificándose ante sí misma, acentuándose aún más su sonrisa.

También estuvo pensando, que Saúl estaba bastante lejos de ser el príncipe azul, con el que su madre y ella misma habían soñado en alguna ocasión. Pero después de todo, ¿acaso no era lo más importante en un ser humano su buen corazón y sus sinceros y honrados sentimientos? ….Entonces, Saúl era un príncipe entre todos los príncipes , que en un solo día le había ganado el corazón hasta el punto de estar dispuesta a casarse con él, aún a riesgo de que el mundo entero la tachara de loca.
Varias veces estuvo a punto de iniciar la conversación con su madre, e incluso telefoneó a la oficina de su padre, para pedirle, que las visitara esa noche para darles una noticia importante, pero éste no se encontraba presente y se ignoraba si iba a regresar ese día, mientras que aquella estaba tan atareada con los quehaceres del hogar, que no le prestó la debida atención, cuando la muchacha intentó iniciar una plática. Así que Ángela decidió, que sería mejor esperar hasta el día siguiente, para convocar a una junta familiar y dar la noticia de su matrimonio con Saúl, el pescador de Acapulco.

Sin embargo recordó , que había prometido a Saúl, que le llamaría por teléfono todas las noches, para tenerlo al tanto sobre el desarrollo de los acontecimientos y la reacción de sus padres ante la noticia de su compromiso. Aunque no tenía ninguna novedad que contarle, tenía verdaderos deseos de escuchar su voz, así que llegada la hora en que acordaron comunicarse, Ángela se encerró en su recámara y marcó la comunicación con Acapulco. Unos segundos después una voz femenina se dejó escuchar al otro lado de la línea:

“…¿Bueno?....
“…Perdone…” comenzó Ángela, “…¿Se encuentra Saúl?...”
“…¿Quién le llama?...” Preguntó la mujer desde el otro lado.
“…Dígale, que es Ángela…”
“…¡¡ ÁNGELA …¿¿USTED ES ÁNGELA??...” la voz de la mujer desconocida se tornó angustiada y triste
“…Si señorita, soy Ángela y Saúl me dijo, que en ese teléfono lo podía localizar todos los días a esta hora. ¿No ha llegado todavía?...”
“…No, niña, Saúl no ha llegado…ni llegará nunca más…”

La voz d la mujer se rompió y claramente se escuchó un sollozo y que otra persona tomaba el auricular para seguir hablando con Ángela:

“…¿Señorita Ángela?...pregunto una voz masculina esta vez
“…Si señor, ¿pero qué es lo que pasa? …Saúl me dijo que hoy hablara yo a ese teléfono y la señorita, que me contesto el teléfono me dijo, que él no…..”
“…Mire señorita…” la interrumpió la voz masculina. “…soy el cuñado de Saúl y le ruego, que disculpe a mi mujer, hermana de Saúl, pero esta muy afectada. … Cuando Saúl nos habló anoche de usted, francamente no lo creí, pues tantas veces nos había dicho, que pronto llegaría su mujer maravillosa y que él la esperaría hasta el fin de su vida, que nos acostumbramos a pensar en ello, como una manía muy particular de mi cuñado, y lógicamente cuando nos comunicó, que la había encontrado, nos pareció solo un nuevo giro de su “manía”. ..¿Quién nos iba a decir, que ayer que llegó tan feliz por haberla encontrado por fin, hoy…”

El hombre del otro lado del teléfono se atragantó, como que se le fue la voz y eso acabó por desquiciar a Ángela, quien poco a poco había ido sintiendo un agudo espasmo en la mitad del pecho, y en un arrebato violento volvió a insistir:

“…Perdóneme señor, me alegra mucho, que Saúl le habló de mi a su familia, pero lo que yo quiero, es hablar con él. Si todavía no ha llegado, le ruego, que me diga as qué hora lo esperan, para que yo le vuelva a llamar…”
“…Mi cuñado Saúl, no llegará nunca más, señorita…pero murió anoche…”

Las palabras que acababa de escuchar Ángela cayeron como plomo en sus oídos, y medio atontada balbuceó:

“…¿¿¡¡Que Saúl QUÉ…!!??...”
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Re: EL PESCADOR ( narración inédita de Gsela)

Mensaje por Administración el Miér Mar 09, 2016 11:56 pm

“…Anoche, como a eso de las diez, se desató con toda su fuerza un huracán. Dieron aviso por la radio, de que habían quedado atrapados unas personas en un pueblito, que estaba rumbo a Zihuatanejo, y que la comunicación por tierra se había interrumpido, y que había urgencia de sacarlos de allí, ya que el mar se iba a tragar todo el pueblo en cualquier momento. Como el único camino para llegar allí, era por mar, se pidieron voluntarios. Naturalmente, como siempre que sucediera algo parecido, el primer voluntario fue Saúl, mi cuñado. Se fue solo, porque había algo de riesgo y no quiso exponer al chamaco que siempre le ayudaba. Yo mismo me ofrecí para acompañarlo, pero como tenemos a uno de nuestros hijos enfermito de deshidratación, él no quiso que dejara sola a su hermana, mi mujer… Saúl iba tan contento y tan lleno de ilusiones y planes, diciendo, que había encontrado el amor, el verdadero amor, que tanto había esperado, que nunca nos imaginamos lo que iba a suceder…
En la mañana se reportó como perdida “La Potranquita” y dos brigadas de rescate comenzaron la búsqueda por allí de las tres de la madrugada y hoy, hace apenas como dos horas, nos avisaron, que el cuerpo de mi cuñado estaba en la capitanía…Dicen, que no pudo controlar él solo la lancha y que la marejada lo fue a estrellar contra los arrecifes … Mi otro cuñado está haciendo los arreglos en la funeraria y dentro de 30 minutos vamos a ir a velar el cuerpo del pobre de Saúl, que ofrendó su vida para salvar la de otros…”
“….¿Saúl muerto?...” sollozó Ángela totalmente consternada
“…Mi cuñado nos había dicho, que se iba a casar con usted. ¿Es cierto eso, señorita?...”
“…Si…, pero ya que importa eso…” Por el rostro de la muchacha estaban fluyendo los ríos ardientes y silenciosos de un llanto, que parecía corroerle la piel y el alma a la vez.
“…Mi mujer, y hermana de Saúl está muy afectada por la noticia, señorita…” continuó el hombre. “…pero me está haciendo señas, que le pida a usted, que la perdone por no haber podido seguir hablándole, cuando escuchó su voz…”
“…No se preocupe…” musitó Ángela, tratando de disimular su llanto adolorido. “…dígale, que lo comprendo perfectamente, y que si en algo le puedo servir, puede contar conmigo…”
“…Gracias, señorita…pero en estos casos ya no hay nada que hacer, como no sea llorar un poco y pedirle a Dios por su alma…Pero ahora, que me acuerdo. anoche iba tan contento mi cuñado, que me dijo en son de broma, que si hablaba su Ángela antes de que hubiese regresado, le dijera por favor, que la quiere como a nadie y que nunca más le hablaría de amor a otra mujer que no fuera usted. …que la había esperado tanto tiempo, que ahora cada minuto, que estaría lejos de usted, le iba a parecer una eternidad….como si nunca más la volvería a ver…. y que le pertenecía hasta su propia muerte, porque la amaba…”

Escuchando así las últimas palabras casi proféticas de Saúl, Ángela dejó escapar un sollozo adolorido y se hizo un terrible silencio en el teléfono…Ninguno de los dos interlocutores podía articular una palabra…
Al cabo de unos segundos, que parecían minutos, la voz entrecortada de Ángeles volvió sonar por el hilo telefónico:

“…Por mucho, que me apresurara, me sería imposible llegar allá con ustedes antes del entierro, así que no tiene caso que vaya. …Saúl me entregó como anillo de compromiso una argolla, que le dio su madre y que era de su abuelo. ¿Quisiera preguntarle usted a su señora a qué dirección debo enviárselo?... pues si Saúl murió, yo no creo tener el derecho de poder conservar esta alhaja….”
“…Permítame un minuto, señorita, voy a consultarle,,,” Se oyeron algunos murmullos de voces tristes y luego de un minuto volvió la voz:

“…Señorita…mi suegra, la madre de Saúl y también mi esposa, dicen, que si Saúl le entregó ese anillo a usted en prenda de su amor, solo usted tiene el derecho de conservarlo, y nadie mas…”
“…Pero se trata de una joya de familia y yo…..”
“…Si mi cuñado la amaba tanto como para ofrecerle matrimonio, usted es desde ya y para siempre, un miembro muy querido de la familia, Ángela, y todos esperamos que cuando vuelva a Acapulco un día, tenga la gentileza de venir a visitarnos. Para mi suegra sería como volvr a ver parte de Saúl , ya que fue usted la única mujer que él realmente amó….”
“…Se lo agradezco mucho…pero creo que no volveré a Acapulco, por lo menos en varios años. Usted comprende, que sería muy difícil para mi, contemplar ese mar, que me arrebató a Saúl….”
“…?Usted lo quería también, señorita?...” preguntó curioso el hombre.
“…Si señor, aunque a usted pueda parecerle una locura, yo también me enamoré de Saúl en un solo día de estar con él… fue el primer hombre que me habló de amor…”
“…En ese caso lamento mucho haber sido yo, quien tuviera que darle la noticia tan trágica…”
“…No se mortifique, alguien tenía que hacerlo…solo quisiera pedirle un favor…”
“…El que usted quiera, señorita, …dígame…”
“…Si yo le mando un giro telegráfico, ¿sería usted tan amable de comprar flores y ponerlas sobre la tumba de Saúl?...”
“…Lo haré con mucho gusto, señorita…es un hermoso gesto de su parte…”
“…Gracias, señor…mañana mismo temprano recibirá usted el giro. Pero dígame a nombre de quién lo debo mandar?...”
“…Me llamo Juan Manuel Solórzano y me lo puede enviar a lista de correos, yo ité tempranito a buscarlo….”
“…Esta bien, señor Solórzano, muchas gracias, ya no le quito más tiempo, seguramente su esposa y su suegra necesitarán su apoyo…”
“…¿Y usted, señorita Ángela…se siente bien?...la oigo muy mal…”
“…No se preocupe por mi,…es imposible evitar mi llanto…pero estaré bien…”
“…¿Tiene usted a alguien de su familia. Que la acompañe en estos momentos? …porque la mera verdad, se le oye muy triste, y estando uno así, no debe quedarse solo…”
“…Si…” suspiró Ángela muy acongojada. “…gracias por su interés…estoy con mi familia, no estoy sola, aunque…perdóneme si le corto ya, pero no tengo ánimos para seguir hablando. Solo dígale a la madre de Saúl, que yo lo amaba y que lo….¡Adiós!...”
“…Adiós, señorita Ángela…y nunca olvide, que fue usted la única mujer a la que realmente amó Saúl…y que en nuestra familia ya tiene usted otra familia que la quiere…”
“…Gracias…”

Cuando Ángela puso lentamente el auricular en su lugar, su mano temblaba ligeramente y su rostro estaba inundado de un llanto tibio y silencioso, que más parecía salirle del alma misma, que venir de sus ojos entristecidos.
Sin saber exactamente lo que hacía, se acurrucó en mitad de la cama, como un animalito asustado e indefenso, y llorando silenciosamente, se fue durmiendo poco a poco, acariciando con los dedos el anillo y con la memoria el recuerdo del rostro de Saúl, mientras repetía una y otra vez: “Te quiero…te quiero…te quiero…”

---------- o ----------



Ángela nunca habló con su familia sobre lo ocurrido aquel domingo 13 a bordo de “La Potranquita”, ni siquiera a su hermana Julia, con la cual compartía confidencias sin límite le contó jamás, que por un día estuvo comprometida en matrimonio con Saúl, el pescador acapulqueño, al que todos consideraban alguien especial.
Por unos días la hija mayor de Humberto estuvo sumida en una tristeza quieta y tranquila, una tristeza muda, que no mereció demasiada atención por parte de nadie. Sin embargo, con el tiempo, Ángela comenzó a recibir sonrisas de la gente y a responderlas cada vez con menos timidez y con mayor seguridad.
Pronto logró hacerse de un grupo de amigos propios a los que poco o nada les importaba aquella cicatriz , lejano recuerdo de una operación por haber nacido con “labio leporino” que afeaba su rostro. Cicatriz, que por cierto, disminuyó en gran medida sin que hubiera una razón para ello, aunque ella misma dijo un día al respecto:

“…No se…supongo, que bastaba con que alguien le dijera, que no era importante, para que dejara de importarme demasiado, y avergonzada la desdichada cicatriz, se hizo más chiquita..”

Naturalmente el comentario fue tomado a broma por la familia, y aparentemente también por la propia Ángela, pero cada vez, que ella se contemplaba en el espejo, y veía esa marca, recordaba la voz de Saúl cuando le un día le aseguró:

“…Yo te amo nenita…y por amarte, amo también esa cicatriz…”

…y casi le parecía ver como la cicatriz se empequeñecía rápidamente.

Como es lógico suponer, siendo Ángela una mujer inteligente y buena, al tener ya un número regular de amistades, no faltó algún hombre , que le hiciera la corte o tratara de enamorarla seriamente, y Ángela aprendió a sonreír y a esperar tranquilamente a que uno de ello fuera capaz de tocar sinceramente su corazón. Pero nunca, ni siquiera cuando algún tiempo después, llegó el elegido de su alma, ella pudo olvidar a aquel pescador, que inesperadamente se había convertido en “su primera vez” , e inconscientemente el elegido de su corazón tenía un notable parecido con Saúl.

Aquel extraño amor de un día, nunca lo conoció nadie, sin embargo vivió por siempre en el alma de Ángela, quien noche a noche rezaba por el pescador, que había sido su primer beso de mujer, mientras en una casa perdida entre las calles del puerto de Acapulco, una anciana madre también rezaba todas las noches por una muchacha desconocida para ella, pero que había logrado, que su hijo Saúl, muriera feliz, al convertirla en su único amor verdadero. Seguramente ese fue su último pensamiento antes de ser devorado por la furia del mar…

Sobre el sepulcro de aquel pescador nunca faltó un bello ramo de flores, que algún miembro de la familia compraba en el mercado con el dinero, que Ángela enviaba con religiosa puntualidad , para que algo de ella estuviera eternamente acompañando los restos de Saúl.

Así terminó ese amor de un domingo trece, día de San Antonio, y para siempre el mar guardaría en su memoria milenaria lo que para una mujer fue “su primera vez” y para su hombre fue su “última vez” , unidos en un amor sin comparación posible, un amor, que el mismo mar propició, que el mar acunó y que ese mismo mar destruyó de un manotazo cruel e inesperado…

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