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UN AMOR EN CREPÚSCULO

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UN AMOR EN CREPÚSCULO

Mensaje por Administración el Miér Mar 09, 2016 11:38 pm

La historia de un amor en crepúsculo

Hace ya como 10 años conocí a una mujer muy atractiva, y de aspecto juvenil y que era casada y tenía un hijo de 12 años una hija de 15 años y otra hija de 18 años. Esa familia vivía en un departamento del edificio que yo administro y que tiene 12 departamentos iguales, distribuidos en un edificio de tres pisos a razón de 4 en cada planta.
En vista de que cada ocupante (dueño o inquilino) me tiene que pagar una cuota mensual de mantenimiento, tengo un contacto constante con todos los vecinos y así nació una cierta amistad entre esa mujer y yo. Las cosa se dan a veces por admiración y simpatía, y en relativamente poco tiempo tanto los hijos como también el marido me apreciaban mucho, al grado que en una noche buena me invitaron a su departamento para festejar juntos este tan importante acontecimiento en víspera de la Navidad para casi todo el mundo.
Así fue, como nació nuestra primera amistad a la que se agregó con el tiempo también cariño....y dentro de ese marco ha habido breves ratos de compartir con una tasa de café ciertas confidencias y problemas de cada quien entre esa mujer y yo...todo sin ocultamientos en lo absoluto.....pero me fui convirtiendo en paño de lágrimas de una mujer totalmente desgraciada e infeliz, por un marido no solo medio alcohólico, sino hasta sádico y totalmente autoritario y para colmo de males, un vividor y mujeriego infiel sin oficio ni beneficio, que se había aprovechado de la pequeña fortuna de su “mujer” con la que se había casado cuando ella tenía solo 16 años, por una arreglo interfamiliar.
Esa mujer a quien todos llaman Lupita y que ya a los 32 años, había sufrido lo indecible y tenía en mi su primer consejero y se animó a tramitar su divorcio, con la plena aprobación de sus tres hijos, que me apreciaban más que a su padre, solo porque en su mamá había una nueva luz de esperanza para una liberación de ese hombre como “jefe” de familia. Juro que no moví un solo dedo para iniciar los trámites del divorcio, pero si firmé a petición de ella, como testigo la solicitud justificada de tal demanda ante el ministerio público.
Hubo algunas escenas desagradables de celos con el “marido” que no pasaron a mayores y desde entonces hay una gran armonía entre la madre y los tres hijos y yo, y las reuniones con esa admirable Lupita y madre de 3 hijos, ya eran de contenido distinto, y nos íbamos a cenar, o ir a tomar una copa en un piano-bar, y nuestras charlas eran interminables y muy edificantes para ambos, porque ella tiene un nivel cultural e intelectual increíble y no hay tema en que ella no tenga una opinión muy sensata. Y por si fuera poco, es docente de la cátedra del idioma ingles en la Universidad La Salle de Cancún .....imaginarse....y yo impartiendo clases de alemán e ingles a los empleado en diversos hoteles.
Desde luego que nació entre ambos un verdadero amor....pero un amor muy especial....un amor un tanto etéreo, un amor mixto, que ella ha calificado de que siente que soy su padre, su amigo, su consejero, su amante y su hermano. Nos gozamos mutuamente casi con solo mirarnos y nos amamos de pura palabra, y solo un cariñoso apretón de manos, o un beso en la mejilla e inclusive en la comisura de los labios, son las manifestaciones de nuestro amor que carece de la posesividad casi obsesiva de la mayoría de las parejas que dicen amarse. Yo a Lupita la he llenado de muchas pequeñas atenciones y detallitos, que nunca dice haber recibido de alguien, y yo me esmero en inventar constantemente cosas insólitas que le causan sorpresas, tales como poner una flor en la manija de la puerta de su auto, o en el limpiador del parabrisas, etc.etc.
Pero desde luego ella vive su vida con sus hijos y yo muy aparte, y ya no somos vecinos, porque con el divorcio, se mudó del piso que pertenece a su ex marido. He estado formando una parte de la vida de esa familia, pero con cierta distancia, porque ella desde luego desea rehacer su vida con un nuevo marido y yo lo respeto y hasta me toma en cuenta cuando le aconsejo algo. De esta manera resultó, que en el momento que ella ha considerado que había encontrado una nueva pareja para la vida, yo me retiraba, porque yo la amo tanto, que me hace feliz verla feliz, aunque sea en brazos de otro hombre. ¿Se puede uno imaginar eso? Muchos me pueden llamar tonto o iluso, pero yo me siento feliz y ella igual.
Pero todo eso produce una consecuencia fatal. Yo siento, porque así soy yo, que en ese momento debo respetar la vida de ella, y yo me retiro de su vida, porque no quiero ser motivo de una discordia de un marido celoso. Eso a ella no le gusta, pero la evado...y la sigo amando en silencio a y distancia.
Resulta sin embargo que hubo en su vida dos nuevos fracasos, porque tal parece que tiene la mala “suerte” de escoger solo hombres casi idénticos al padre de su hijos, y así, después de cada desilusión, vuelvo yo a aparecer en su vida, como un “buen samaritano” y el cielo vuelve a estar lleno de campanitas y de tiernos y muy efusivos abrazos, llenos de piropos y flores, y también de interesantísimas conversaciones sobre diversos temas y hasta filosofías de la vida.
Y así llega la última etapa de este relato, y hace como un año Lupita se había casado de nuevo, y creo que esta vez si ha escogido acertadamente, porque obviamente me lo presentó y hasta creo que hemos simpatizado. Me alegré por la nueva ilusión y felicidad de la mujer que tanto amo a mi edad, y solo por un trivial malentendido, no pude asistir a su boda. Me encerré en mi silencio, probablemente por un orgullo que disfrazo con la “dignidad”, y así pasó un año, durante el cual nunca olvidé a esa mujer llamada Lupita que tan profunda huella dejó en mi, y a la que le doblo la edad, nutriéndome con la fe de que ella igualmente me ama a su manera como yo, un tanto espiritual aunque no platónico.
El poema que presenté de “Yo vivo” en realidad data de la época de su primer intento de volver a formar una familia con un marido. Pero ahora lo reviví, porque después de un largo silencio, fue ella la que se presentó en mi departamento en compañía de su hijo....pero venía con muletas.
Mi sorpresa, mi susto y mi alegría se confundieron y antes que nada la abracé como nunca antes.... y ya con calma, en breves palabras me explicó el accidente que tuvo al romperse el tobillo. Pero me suplicó que fuera por ella a su casa para llevarla a tomar un café...ella con sus muletas...para suplicarme que compartiera yo su inmensa felicidad de un marido que por fin significaba un puerto seguro para su vida errante. Ya nos volvimos a reunir ella y su marido y yo, y él comprende perfectamente bien, que para ser feliz su esposa y mujer, debe tolerar el amor, esa clase de amor que hay entre nosotros dos y que en nada le perjudica. Desde entonces ella y yo nos vemos por lo menos una vez al mes, y para ambos, esas dos o tres horas son una felicidad y un elixir de vida. Es obvio, que el marido de ella conoce hasta el último detalle de nuestra relación, y sabe que yo he sido de gran importancia para la vida de Lupita y los hijos de ella durante su época más critica.
_________________
Herbert
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