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TODOS LOS AÑOS DEL HOMBRE (cuento de Gisela)

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TODOS LOS AÑOS DEL HOMBRE (cuento de Gisela)

Mensaje por Administración el Miér Mar 09, 2016 11:33 pm

ESTUCHE DE VERDADES Y FANTASIAS

CUENTOS DE
GISELA PFORDTE F.




TODOS LOS A?OS DEL HOMBRE

Sinopsis: Aqu? se ha querido, y ojal? se haya logrado, hacer una agria cr?tica a nuestra soci9edad, la cual desde tiempo inmemorial ha castigado a cientos de genios, en las artes, en las ciencias, en la pol?tica, etc. con una indiferencia mezquina y total. Solo cuando la muerte llega, la sociedad se percata de que quien acaba de morir, era un genio, un ser humano que de verdad val?a, y que ten?a algo que ofrecer. Pero entonces...?ya para qu??
....el interesado ya no puede escuchar.

----------------------------------------

En el estudio de Marcel Laffit todo est? en un desorganizado desorden, por decirlo as?. Por doquier se pueden ver pinceles, lienzos, paletas llenas de colores medio mezclados, marcos vac?os que esperan engalanar una futura obra de arte, bastidores a medio montar ...etc.etc.... todo aquello que suele utilizar un pintor al trabajar. Tambi?n se puede encontrar un confortable div?n, que ordinariamente est? perdido entre lienzos y apuntes, sobre el cual pasa las noches Marcel de vez en cuando.
?Pero qui?n es Marcel Laffit? Pues Marcel Laffit es uno de los muchos hombres, que cuando j?venes, so?aron con ser los ?mulos de Miguel ?ngel, Leonardo da Vinci o Goya...y decidieron tomar los pinceles y conquistar el mundo con su ?arte?. Pero a Marcel le ocurri? lo mismo que a otros miles de so?adores, a los que sus sue?os de grandeza les quedaron demasiado grandes, y cuando se dieron cuenta de su propia peque?ez, ya era demasiado tarde, y lo ?nico que sab?an hacer, era mal pintar.
A Marcel sus pinturas le han dado lo suficiente para medio comer, medio vestir, medio vivir y medio so?ar, todo a medias siempre. Hasta ahora no ha logrado esa gran obra de arte que todos los artistas pretenden y esperan crear alg?n d?a. La gente que lo conoce, afirma que no hace su trabajo mal, pues en sus retratos logra obtener un parecido bastante fiel con los modelos, a pesar de tener que sujetarse a los muchos caprichos de perfecci?n de ?stas, que casi siempre son muy elegantes damas de la burgues?a, las cuales al encargarle un retrato para engalanar la chimenea de su sala, le insin?an con una sonrisa, que trate de favorecerlas un poco en tal o cual rasgo que no tienen muy perfecto.
En cuanto a los cr?ticos de arte, ?ah! ...esos temidos devoradores de sue?os ajenos opinan con mucha dureza diciendo que el trabajo de Marcel no pasa de ser un mediocre intento de hacer las cosas bien. Incluso hay quien ha llegado a decir, que si Marcel tiene trabajo con cierta regularidad, es debido ?nica y exclusivamente a que su recia personalidad recuerda claramente la figura de un mitol?gico pr?ncipe vikingo y logra fascinar a las se?oras, que por estar cerca de ?l, le hacen los encargos de que las pinte. Eso, aunque sus cuadros vayan a parar muchas veces a la habitaci?n menos visitada de la casa.
A Marcel, en un principio, tales comentarios le sacaban de sus casillas, pues se consideraba un artista honesto y nunca pretendi? vender un cuadro vali?ndose de su menor o mayor atractivo f?sico. Pero ahora, cuando ya puede contar cuarenta y cinco calendarios en su haber, parece haberse resignado a su tan tra?da y llevada mediocridad y acepta cuanto trabajo le ofrecen, sin ponerle demasiado de s? mismo, pero a?n tratando de no perder la honestidad.

---o---


Hoy encontramos a Marcel con la camisa abierta y la abundante melena rubia enmara?ada. Est? tendido con desgano y so?oliento sobre el div?n. Piensa....reflexiona profundamente sobre su vida y recuerda con una dolida sonrisa todos aquellos sue?os de grandeza que acariciaba hace veinticinco a?os, al iniciarse e instalarse en este peque?o estudio del barrio bohemio de Paris... la capital mundial del arte. ?Qu? ha sido de aquellos sue?os? ?D?nde han ido a parar su genio, su arte, aquella facilidad parta pintar que le parec?a magistral y capaz de compararlo con los grandes maestros de la historia...? Hoy la perece que todo eso se le ha ido perdiendo en el camino y no sabe d?nde...Se siente profundamente cansado de tener que pintar caras bonitas y cuerpos venusinos, teniendo como modelo a honorables matronas o bien a ni?as dulces y profundamente insulsas que no le dicen nada con los ojos. Est? cansado y quisiera tener el valor y la capacidad suficiente para plasmar en el lienzo lo que en realidad le inspiran sus honorables clientes, sin tener que detenerse a pensar en que de ellos depende su prosaica subsistencia diaria.
En eso est?, cuando el lastimero sonsonete de un mendigo lo viene a sacar de su profunda abstracci?n... Al asomarse por la rendija que sirve de ventana al estudio, Marcel descubre en la acera de enfrente a un viejo que toca una peque?a arm?nica junto a un sombrero en espera de un poco de caridad p?blica. Al observarlo, el pintor descubre que sus facciones son impresionantes, como si en aqu?l viejo se detuviera todo el tiempo .
Despu?s de varios minutos de estarlo observando detenidamente, y como en aquel momento no ten?a ning?n encargo hecho, Marcel pens? que podr?a matar el tiempo tratando de pintar toda aquella humanidad que se le presentaba reflejada en ese m?sico callejero. Y sin pensarlo m?s, acerc? a la ventana su caballete y todos sus implementos de trabajo y puso manos a la obra.
Cuando hubo dado el tercer trazo, se detuvo, pues por un momento se pregunt? de qu? vivir?a mientras hac?a aquello. Ese cuadro nadie se lo hab?a pedido, por lo tanto, nadie se lo pagar?a jam?s. Ese m?sico era nuevo en el barrio y solo Dios sab?a cu?nto tiempo seguir?a yendo por ah?, por lo tanto no podr?a suspender su trabajo en ?l, aunque llegaran mil encargos bien pagados. Pues hab?a que aprovechar cada instante, cada d?a mientras llegaba ese m?sico a su lugar de la acera de enfrente. Corr?a pues el riesgo de no terminar el cuadro jam?s, si a aquel hombre se le ocurriera irse un d?a y no volver nunca m?s por el barrio. Sin embargo, aqu?l pensamiento le dur? muy poco a Marcel, y sacudiendo la rubia melena, se alis? la abultada barba y sus ojos azules vuelven a escrutar el rosto del viejo m?sico en busca del m?s m?nimo y escondido rasgo de toda aquella figura que se le antojaba construida con siglos de existencia.

---o---




En el barrio comenz? a comentarse con asombro, que Marcel hab?a empezado a rechazar varios trabajos importantes que le hab?an querido encomendar varias damas de la m?s alta esfera social, dando como ?nica explicaci?n, que carec?a de tiempo suficiente para aceptar nuevos trabajos, ya que estaba encargado de la obra m?s importante de su vida. Tambi?n se dec?a por all?, a manera de chisme, que el artista sal?a cada vez menos del estudio y que ya solo ten?a el dinero suficiente para comer un trozo de pan una vez al d?a... ya ni siquiera su acostumbrada botella de vino pod?a comprar.
Algunos amigos del pintor trataron de ayudarle y a la vez de averiguar, qu? era lo que lo manten?a tan ocupado, al grado de rechazar encargos que le hubieran dejado ganancias econ?micas bastante jugosas. Pero Marcel se encerraba en un mutismo casi sepulcral y siempre que alg?n extra?o llegaba a visitar el estudio, se apresuraba a cubrir el caballete con un gran pa?o de aspecto duro y ?spero, para evitar que las miradas curiosas se posaran sobre su trabajo. Naturalmente que eso no hac?a sino exaltar la curiosidad de las personas y provocaba que las imaginaciones novelescas del vecindario tejiesen solo Dios sabe cu?ntas historias raras en torno al cuadro que lo manten?a tan ocupado y reservado en su estudio.
Pero a pesar de todo, nadie pudo saber qu? era lo que estaba pintando o qui?n era su misterioso modelo que no le permit?a ocuparse de otro encargo. Se especul? mucho al respecto, llegando a decirse que se trataba de alg?n legendario emperador del medio oriente que deseaba un retrato de su hija, una princesa cuya belleza era sumamente dif?cil de igualar. Y como ?sta, corr?an decenas de versiones distintas al respecto. Pero a nadie se le ocurr?a la verdad.

---o---




En tales circunstancias transcurren los siguientes ocho meses, durante los cuales ni el viejo m?sico callejero, ni el pintor que busca su gloria, han fallado a su no concertada cita diaria.
Poco a poco el retrato ha ido tomando forma. Los colores se han ido plasmando sobre el lienzo sin que Marcel tuviera una plena conciencia de ello. Su mano ha llevado el pincel, como si se tratase de algo ajeno, como si al pintor le guiase a su vez una fuerza invisible y magistral que estuviera haciendo que sobre el lienzo se produjera el milagro de una obra maestra.
Los o?dos de los cr?ticos especializados se iban llenando de rumores sobre la nueva obra del pintor, que hasta entonces no hab?a merecido nunca que se le trate como un verdadero artista. Por doquier surgen comentarios llenos de cosas ins?litas e inventos sobre el contenido del ya famoso lienzo misterioso de Marcel Laffit. Pero nadie puede decir a ciencia cierta qu? o qui?n es el que ha privado al pintor de trabajos m?s productivos y hasta de su salud., pues la falta de alimento lo est? enfermando con prisa inaudita. Pero todo se resume a conjeturas m?s o menos acertadas , nada m?s.
Curiosamente nadie, ninguno de los interesados en lo que ocurre en el estudio de Marcel, ha reparado mayormente en el m?sico callejero que apareci? un d?a en aquel lugar, sin que nadie supiera de d?nde o porqu? hab?a llegado...

---o---




As? ha pasado un a?o ya, desde que la extra?a actitud de Marcel comenzara a llamar la atenci?n de aquel sector del barrio bohemio de Paris.
Hoy hace ocho d?as que no se ve al pintor salir del estudio, ni siquiera para comprar la diaria hogaza de pan que se hab?a constituidos en el ?nico alimento que le es posible adquirir, gracias a la bondad de Chantal, la hija del panadero, que le ha ofrecido apunt?rselo en una cuenta para que cuando atraviese por mejores tiempos econ?micos, pudiera pag?rselo todo junto.
La ?ltima vez que lo vio, llam? la atenci?n por su extrema delgadez y su palidez tan marcada de su rostro. Sin embargo, ?l parec?a sonre?r. No se le ve?a triste. Ostentaba una alegr?a sin palabras ni espavientos. Sus ojos claros parec?an m?s transparentes y serenos como nunca antes. A pesar de todo, su desaparici?n ha inquietado a algunos de sus vecinos m?s pr?ximos y se han organizados con uno de los cr?ticos m?s curiosos del medio art?stico, para entrar al estudio, aun sin recibir respuesta del pintor. Y as? lo hacen. Han llamado a la puerta del estudio, pero como no reciben respuesta del artista, deciden derribar la puerta y entrar a como d? lugar y averiguar qu? ocurre en aqu?l lugar.
El encargado de derribar la puerta es Fran?ois, un mocet?n con aspiraciones tambi?n de llegar a ser pintor y que en varias ocasiones acudi? al estudio de Marcel o observar su t?cnica al pintar a alguna de las damas que a ?l acud?an.
Despu?s del estruendo que provoca que provoca la ca?da de la puerta, se hace un silencio absoluto entre todo el grupo que ha entrado en tropel a la habitaci?n. En primer plano se encuentra el caballete perfectamente cubierto con su ?spero lienzo...y all? en el fondo, sobre el div?n, se encuentra recostado como dormido y con un semblante casi hermoso, el misterioso Marcel Laffit.
Seg?n el dictamen posterior del m?dico, Marcel ten?a ya varios d?as de haber dejado de existir. Por mero formulismo legal, se asienta como causda de la muerte un simple paro cardiaco. Pero la verdad es, que se ignora la causa exacta del fallecimiento. Tal parece que al cumplir su trabajo, el pintor simplemente ya no ten?a nada que hacer en la vida y dej? de existir...as? nada m?s.

---o---




Una hora despu?s del entierro de Marcel Laffit se hayan reunidos en su estudio todos los cr?ticos que anteriormente hab?an criticado ferozmente el trabajo del artista incomprendido. Al descubrirse la pintura que ha quedado sobre el caballete, todos los presentes no pueden evitar el emitir una exclamaci?n de profundo y sincero asombro. La grandeza y genialidad de la ?ltima obra del pintor no tiene paralelo. El cuadro, a decir de todos los presentes, es la obra m?s perfecta que ha conocido la humanidad en los ?ltimos tiempos. En cada rasgo, en cada l?nea en cada tonalidad, se puede ver la vida que el propio artista dej? en el lienzo. Todos los presentes contemplan el retrato de un hombre viejo que toca una arm?nica mientras a sus pies se encuentra un sombrero con algunas sucias y gastadas monedas. Es un cuadro que tiene algo de familiar para casi todos y que sin embargo, nadie puede decir que ha visto cosa igual jam?s. Al pie del cuadro hay una inscripci?n a manera de t?tulo que simplemente reza:
?TODOS LOS A?OS DEL HOMBRE?
Y efectivamente, en aquel lienzo el pintor logr? captar toda la grandiosa majestuosidad y belleza que guarda la edad del hombre.
Con ese solo cuadro, Marcel logr? que el mundo se olvidara de las decenas de matronas favorecidas que durante veinticinco a?os estuvo pintando para comer. Con ese solo cuadro consigui? que sus contempor?neos reconocieran su gran talento y le rindieran el merecido honor de colocarlo junto a las grandes obras de aquellos que sirvieron de modelo y pauta a aquel hombre que so?? con la gloria humana y solo lo consigui? despu?s de muerto, como tantos otros genios que han pasado, y pasar?n su vida sin dejar huella, hasta que la muerte los descubre y les permite a quienes los rodearon visualizar la magnitud de su arte.
Con aquel cuadro se mont? una exposici?n y se exalt? la personalidad de Marcel Laffit., otorg?ndole todo el m?rito que estando con vida, nunca tuvo.
Mientras tanto, en el barrio bohemio de Paris un grupo de chiquilines se lamenta con extra?eza de que haya desaparecido el viejo m?sico callejero, que les alegraba sus juegos con su m?sica. Nadie m?s ha notado su ausencia. Nadie m?s lo hab?a visto de verdad. Nadie supo m?s de ?l. Desapareci? tal como hab?a llegado, sin decir nada, sin pedir nada. Con su m?sica y sus a?os retumbando por la acera, de pared a pared, y de rinc?n a rinc?n...
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