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LA PREGUNTA (Cuento de Gisela)

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LA PREGUNTA (Cuento de Gisela)

Mensaje por Administración el Miér Mar 09, 2016 11:31 pm

ESTUCHE DE VERDADES Y FANTASIAS

CUENTOS DE
GISELA PFORDTE F.




LA PREGUNTA

Sinopsis: Este es un vistazo a dos formas muy distintas u muy actuales de vida. Por un lado las tradiciones y costumbres casi puritanas de un tipo de personas que siempre pretenden tener la razón por estar apegadas a las tradiciones. Por otro lado está la libertad de palabra y de acción que practica otro sector de la población, creyendo que todo lo “otro”, lo tradicional, está mal. De la confrontación de ambos mundos surge una pregunta, esa pregunta a la que nadie puede responder aún : ¿QUÉ ES LO BUENO Y QUÉ ES LO MALO?


----------------------------------------------------------

Todo en la casa es un absoluto desorden. Como si por allí hubiera pasado uno de esos ciclones con hermoso nombre de mujer y de efecto absolutamente devastador y destructivo.
Y en realidad, si fue una mujer la que provocó todo aquello. Mara, criatura con cara de ángel, alma casi cristalina y libre, y comportamiento un tanto demoníaco, según la airada opinión de su dulce, equilibrada y tradicionalmente educada hermana mayor Mariana.
La pobre Mariana se encuentra hundida en un enorme sillón de la sala, contemplando con gesto de dolida exasperación los estragos que dejó su hermanita la noche anterior. Justo cuando ella estaba celebrando una muy elegante recepción en honor de su primo Mauricio, quien fue nombrado para un muy importante puesto diplomático en una embajada en el extranjero.
Si nos fijamos bien, en la cara crispada de Mariana podremos ver que hasta hay lágrimas en sus ojos, provocadas aparentemente por la vergüenza y el desconcierto que con su comportamiento ocasionó Mara la noche anterior.
”Justo cuando todo iba mejor, cuando le ministro parecía estar más complacido y Mauricio estaba logrando sus mejores contactos,,, ¡Justo entonces tenía que aparece esta niña con la ‘recua’ de sus amigos para echarlo todo a rodar y ponerme en el mayor de los ridículos!...¡Cuántas veces le pedí, le supliqué, que por una vez en su vida se portara como la gente decente, que no hiciera sus locuras de costumbre, que se comportara conforme a los cánones, como nos educaron nuestros padres!... ¡¡Pero no !!... ¡Tenía que venir a provocar ese tremendo caos de anoche! Seguramente lo hizo a propósito...es como si me odiara... Tengo que hablar con Mauricio para darle una disculpa... El pobre debe haber pasado un trago tanto o más amargo que yo misma.. ¿Pero y qué le digo? ...¿Qué Mara esté completamente loca? ... no me lo creería”
Las doce campanadas del reloj del pasillo vienen a sacar a Mariana de sus amargas reflexiones. Junto con las doce campanadas se escucha la puerta de entrada que se cierra y los pasos vacilantes y sigilosos de Concepción, la antigua sirvienta de la casa, que hoy ha llegado en poco más tarde de lo acostumbrado, sabedora de que la noche anterior hubo recepción en la casa, y suponiendo que por la desvelada, las señoritas se levantarían más tarde que de costumbre. Al entrar, sus pequeños ojos parecían querer salirse de su órbitas por detrás de sus gruesos y antiguos anteojos. No puede creer que haya tanto desorden en aquella casa tan elegante. Al descubrir a Mariana que surge lentamente del sillón, se lleva las manos a las mejillas y con horrorizado asombro exclama:
...”¡Ave Maria Purísima!... ¿pero qué fue lo que pasó aquí, señorita Mariana...? ¿Se metieron los ladrones?...¿No hay ningún heridos?... ¿¡¡Dónde está la señorita...la niña Mara?!!...”
...”No, no fueron ladrones... y Mara está durmiendo muy tranquilamente por ahora... Prepare un poco de café y después le hablas a tu sobrina para que venga a ayudar a recoger todo esto, tu sola no podrás. Dile que le voy a pagar bien.. ¡Ah!, y cuando esté listo el café, me avisas. Voy a ir a vestirme y luego bajo....”
Mariana cierra la puerta de su recámara con muy mal contenida violencia, y Concepción ha comenzado a recoger todo aquel desorden, no sin antes haberlo contemplado todo muy largamente con ojos de completa y disgustada incredulidad . En ese momento se abre la puerta de Mara, quien aparece ataviada con un viejo y desteñido jersey de futbol americano que seguramente perteneció a alguno de sus amigos y que por ahora ella lo ha bajado al rango de pijama. Baja los escalones de dos en dos mientras bosteza ruidosamente y se rasca la cabeza tratando de espabilarse. A pesar de su aspecto desalineado y somnoliento, se puede descubrir que es una muchacha bastante bonita y su pequeña melena rojiza luce sedosa y brillante, no obstante lo enmarañada que se encuentra ahora.
Al verla bajar, Concepción no puede evitar un gesto de disgusto y recproche que la obliga a volverle la espalda en dirección a la cocina. Pero la voz alegre y casi musical de la chica la detiene con un saludo:
...”¡Buenos días, mi querida Coni...! ¡Cómo no estuviste aquí anoche! Hicimos un ‘reventón’ fabuloso... Mariana invitó a un montón de viejos aburridos y señoras estiradas, y todo estaba aburridísimo. Pero por fortuna se me ocurrió a llamar a los muchachos para que el pobre Mauricio no se aburriera tantísimo. Después de todo, la fiesta era para él y no era justo que esto estuviera ten ‘aguado’. El pobre de mi primo tenía una cara de tremendo aburrimiento, hasta que llegaron mis ‘cuates’ ... Con decirte que hasta lo subía a la mesa
para que bailara conmigo un ‘table dance’... Al principio no quería, se sentía un poco cohibido por la mirada inquisitoria de mi hermanita y de algunos otros de los presentes. Pero cuando le pusimos en las manos la ‘elegantísima’ escultura de hielo que adornaba la mesa, pegó tal brinco, que no le quedó más remedio que moverse a nuestro ritmo ‘superlativo’...¡Uuuuyyy!,,. ¡Pero cómo quedó todo esto!...anoche no se veía tan revuelto... pero no te preocupes, Coni, en cuanto me regalas una taza de ese rico café que tu sabes preparar, yo misma te voy a ayudar a poner todo en su ‘santísimo’ y ‘sacratísimo’ lugar. Sabes, creo que la pobre da Mariana no se divirtió mucho en la fiesta de anoche. Y si llega a ver cómo ha quedado todo en su elegante salón, seguro que la dará un ‘ataque’. Por fortuna estuvo dura la desvelada y para cuando ella se despierte, entre tu y yo habremos vuelto toda esta estirada casa a su lugar...”
...”No tiene porqué preocuparse por ayudarme, señorita Mara. La señorita Mariana ya me ordenó que llamase a mi sobrina para que me ayude y limpiar y a recoger todo esto. ¿A dónde quiere que le lleve el café...al comedor o a la terrasa?...”
...”¿Dices que ya se levantó Mariana?...¡uuuyyuuyyuy! ¿y cómo está mi hermanita?
¿Echa espuma por la boca? ...¿o de plano parece dragón echando bocanadas de fuego devastador?... ¿esta muy enojada mi hermanita, Coni..? La pobrecita es tan convencional y aburrida que no comprende nuestro modo de divertirnos...”
...”Yo no sé, señorita Mara...la señorita Mariana me habló muy calmadanebte. No hizo ni el menor comentario sobrte lo ocurrido anoche. Se limitó a ordenarme que recogiera todo y le preparara café...”
...”Entonces la cosa está peor de lo que pensé. La tormenta será fuerte. Déjame el café en la cocina, allá voy a tomarlo. Pero primero voy a llamar a Mauricio...anoche lo convencimos de que nos acompañara hoy a las pruebas de motocicletas...”
Diciendo y haciendo, Mara persigue el cable del teléfono por medio salón hasta que encuentra el aparato oculto debajo de un montón de cojines, y comienza a marcar el número de su primo con un aire de evidente alegría. Mientres Concepción se dirige a la cocina, refunfuñando entre dientes, solo Dios sabe cuántas cosas, y con la vista fija en el sacudidor que lleva en las manos, como si no quisiera levantar la mirada para no ver todo ese tremendo desorden.
El teléfono de Mauricio suena y suena, pero no se obtiene respuesta alguna. Al cabo de un rato, Mara se cansa de esperar y cuelga el aparato con un gesto de leve enfado. Luego se dirige con saltitos despreocupados hacia la cocina. Una vez allí, toma una taza de la alacena y ella misma, en un descuido de Concepción, se sirve el aromático café. Cunado la sirvienta se percata de ello, se apresurta a quitarle la cafetera de las manos con un aire entre enfadado y ofendido, y extrañada dice:
...”¡Por Dios, señorita Mara!... deme usted eso, se va a quemar... enseguida se lo iba yo a servir...solo estaba yo preparando la bandeja para la señorita Mariana... ¿No se hizo usted daño?...Esto está muy caliente...”
...”¡Ay!..no hagas tanto escándalo mi querida Coni... ¡No me pasó nada absolutamente! ...además, no creas que soy tan inútil. En casa de los muchachos he preparado una comida completa sin siquiera quemarme un solo dedo...”
...”Sabía que tus amigotes no podían tener servidumbre...lo que nunca me pude imaginar, es que tu te prestaras a desempeñar ese papelito...aunque en realidad.
, después de lo de anoche, ya nada me debería extrañar de ti...”
Es Mariana, quien ha aparecido en la cocina sin que ninguna de las dos se percatase de su llegada. Al verlas allí, juntas, se hace casi chocante el contraste que existe entre las dos hermanas. Mariana va ataviada con un sobrio y elegantísimo traje sastre de color azul marino con blusa de seda cruda y como único adorno luce sobre la solapa un antiguo y valioso camafeo. Lleva el cabello recogido perfectamente colocado sobre la nuca, y en los pies calza zapatillas sumamente femeninas, que a pesar de su altura no emiten el menor ruido al caminar.
Para concepción resulta casi increíble el contraste que hay entre el sobrio traje de Mariana y los colores anaranjado con verde desteñido del jersey que trae puesto Mara. Las dos hermanas lucen diametralmente opuestas y fuera de lugar, ya que la cocina no perece ser el lugar más apropiado para ninguna de ellas.
En cuanto que Mara se repone de la sorpresa de ver a su hermana en la cocina, sonríe con aire fingidamente burlón e indiferente, y con la taza en la mano va a sentarse sobre la mesa de la cocina haciendo a un lado las papas y cebollas que allí se encuentran diseminadas. Dando un sorbito pequeño al oscuro líquido , saluda a su hermana mayor un tono burlón:
...”¡¡Vaya!! mi querida hermanita..., no creí que se levantara tan temprano y menos aún que te dignaras a acudir hasta la cocina para saludarnos. ¿No te parece un acontecimiento digno de conmemorarse, mi querida Coni?...”
...”Déjate de sarcasmos estúpidos, que ya no te quedan... tenemos que hablar, y esta vez definitivamente...”
...”¡Ay Dios!... ¿qué te ha pasado, Marianita?...has dicho una palabra fuera de tono y tu no lo acostumbras...¿Qué es eso de ‘estúpidos’... ¡me asustas!...”
...”¡Ya basta, Mara!...se me agotó la paciencia contigo. Por consideración a que eres la menor he tratado de consecuentar todas tus insensateces e inútilmente he querido hacerte comprender que no puedes seguir así. Pero anoche me he rendido ante lo imposible ... tu, no sé si no puedes o no quieres entrar en razón.. Te has creado un círculo de amistades que no son nada recomendables...y lo que es peor aún, te has contagiado de su falta de educación, de su incomprensible desafío a nuestra buena sociedad y sus costumbres... Lo que hicieron anoche no tiene perdón y ha colmado por completo mi maltrecha paciencia. Así que he decidido poner un alto a todo esto....”
Como si quisiera exasperar aún más a su hermana, Mara parece no prestar la menor atención a las palabras de Mariana y hurga en el frutero que tiene a un lado, hasta sacar una enorme manzana, la cual limpia con su jersey antes de darle el primer mordisco con aire de satisfacción, mientras responde:
...”¿Nuestra buena sociedad y sus costumbres?... ¿Cuál es esa?...¡la tuya?...esa gente a la que tu frecuentas y ante la cual no te puedes presentar si no vas así, muy elegante, muy propia, muy fingida...¡No hermanita! ...yo prefiero a esos destrampados que no respetan a nadie por su solo nombre. A esos que me reciben vestida cómodamente, como ahora. A esos que cuando no tienen ganas o no pueden verme , me lo dicen sin ningún problema por el ‘qué dirán’ o el temor de herir susceptibilidades falsamente superdesarrolladas. Prefiero a mi ‘récua’ como tu los sueles llamar, porque cuando estoy aburrida o me siento triste o tengo una ‘depresión nerviosa’ , como le dicen ahora pomposamente al mal humor, tratan de ayudarme o por lo menos soportarme. Pero lo hacen sinceramente, sin críticas ni reproches a mis espaldas. ...Por otro lado...¿no entiendo qué es lo que hicimos anoche, que te ha puesto tan de mal humor? Todo lo que pasó fue que le pusimos un poquito de alegría a tu estirada reunión...¡¡eso fue todo!! No veo el motivo para todo este escándalo que estas haciendo...”
...”¿¿qué qué fue lo que hicieron??...¿te parece poco haberse presentado con todo ese ruido...¡y en esas fachas!! ..justo cuando todos estábamos degustando un exquisito bufete , y treparse en la mesa , entre todos los platillos, gritando y moviéndose como epilépticos?... A la señora del embajador le dio un ataque y la tuvimos que reanimar con sales, tan grande así fue la impresión. ..¡¡No es justo, Mara!!... Yo te pedí que asistieras a la recepción de Mauricio, pero te advertí que no hicieras nada que nos perjudicase. Sabias muy bien, que era una oportunidad muy importante para el muchacho. ¡No tenías derecho a arruinarlo todo! Esta vez ni la excusa de tu poca edad te alcanza a disculpar...”
...”¡No, no intento disculparme...no creo que tenga que disculparme!...ni mi edad es tan poca, ni la tuya es tanta como tu te sientes. ¡Por Dios , Mariana!... solo tienes 28 años, solo 8 más que yo . No se puede hablar del dichoso ‘abismo generacional’ entre nosotras dos. No es justo que te estés pasando la vida entre esos viejos políticos y señoras gordas que ya te tratan...y lo que es peor...que ya te ven como si fueras una de ellas. Y tu no eres ni gorda ni fea, ¿porqué has de vivir asi?...eternamente fría, educada, propia en toda ocasión, , siempre fingida...¿y porqué?...No vas a decirme que no te provocó risa ver a Mauricio bailando sobre la mesa y abrazando a esa ‘artística escultura de hielo’ ...Yo mismo pude ver que en un momento determinado de la confusión tuviste que taparte la boca con ambas manos para que no se te escapara la risa...¿porqué Mariana?.....¿porqué reprimir la risa? Si es uno de los primordiales dones de los que les han sido dados a los seres humanos...”
...¡¡Mara, cállate!!...No podemos ir por la vida burlándonos de todos los estatutos. No es posible que un grupo de locos como ustedes vivan desafiando todo lo que se ha logrado con siglos de evolución y civilización. No se puede atropellar a todos los que se te pongan enfrente con tal de divertirse y no tener que sacrificar en un momento dado tu exclusiva y egoísta comodidad. ¡No se puede, Mara, No...no...y no!!!!...”
Mara , con sus palabras, ha logrado que su hermana pierda por un momento la ecuanimidad. La muchacha mayor se encuentra realmente alterada y como único medio de autocalmarse trata de volver a su lugar un pequeño mechón de cabello que le ha caído sobre la frente. Pero hasta esto se le dificulta, está sumamente nerviosa...
Al ver a su hermana en tal estado de excitación, Mara sonríe y después de darle un beso atropellado en la mejilla, se dirige hacia el salón saboreando con deleite el último bocado de la manzana que ha devorado mientras hablaban. Una vez allí, se recarga sobre el majestuoso piano que ocupa el sitio principal de la decoración. Mientras le arranca al teclado una tonadita infantil y viendo que la ha seguido su hermana Mariana, vuelve a hablar:
...”Esta visto que tu y yo nunca nos entenderemos. Es como si habláramos idiomas totalmente distintos. Nunca vas a lograr que yo me sujete a las idiotas reglas que te impone tu sociedad y las cuales con el tiempo van creando una rígida cárcel....¡si, una cárcel! ...no me mires así. La sociedad te va encerrando en una cárcel a ti y a tus sentimientos, a tus convicciones y a tu libertad íntima. Llega a privarte hasta de tus gustos y disgustos , y eso no es justo, hermanita... ¡no es justo y no me harás aceptarlo jamás!...”
...”Pero Mara, es que así como tu vives no se puede vivir... ¿cómo vas a pasarte el tiempo pisoteando todo lo convencional...lo correcto?...”
...”¿Lo correcto? ...¿Y quién fue el dios que dijo esto es lo correcto y esto no lo es?...¡No hermanita!..Antes de que el hombre empezara a ponerle etiquetas a las cosas, nada era bueno y nada era malo... y si ahora el hombre se ha dado el lujo de etiquetar todo y a todos... ¿porqué yo no he de poner ahora mis propias etiquetas?. Estoy segura que en el vocabulario de Dios o de la naturaleza , como lo quieras llamar, nunca existieron las palabras BUENO y MALO. Fue el hombre, quien a su conveniencia personal comenzó a catalogarlo todo. Y ya que yo estoy dentro de la categoría humana, no veo porqué no he de tener el privilegio de hacer mis propios juicios y dictaminar asimismo lo que es bueno y lo que es malo...¡para mi!...”
Mara ha hablado con tal vehemencia , que ha dejado a Mariana en un estado muy cercano a la catalepsia total. La joven mujer se ha dejado caer lentamente en un butacón que se encuentra fuera de su lugar y la escucha con la boca semiabierta. Lo que stá diciendo su hermana menor le parece inaudito. Mas, sin embargo, por alguna razón que no alcanza a comprender, siente que todo eso es verdad. Pero no obstante ser verdad, no lo puede aceptar, no lo quiere admitir, y menos aún creer, que todo ese mundo en el que ella se desenvuelve, sea falso, insensible y cruel. Algo en ella se resiste a aceptar, que si se quitara la ropa elegante y por una ocasión se olvidara de las formas sociales y el protocolo, para decir solo la verdad, todo ese mundo le volvería la espalda, sin recordar, que ella ha sido una de ellos desde que tuvo uso de razón...borrando así, de un solo plumazo, toda esa vida y los mil testimonios de “amistad” que ha dado y ha recibido.
Después de una breve pausa en la que Mara ha querido descifrar los pensamientos de Mariana, mirándola fijamente a la cara y sacudiendo la cabeza, la chica trepa de un salto vigoroso a la cubierta del piano. Sentada allí en posición de “flor de lotus” , apoyando sus codos sobre las rodillas, vuelve a hablar sin perder de vista a su hermana, y esbozando una sonrisa que guarda algo de esa travesura típicamente infantil, dice:
...”¡Caramba...hermanita...cálmate! Mira y para que salgas de dudas, te propongo un jueguito que será divertidísimo. Sube ahora mismo , quítate ese precioso traje, ponte uno de mis jeans y la camisa que te pones para trabajar en tu jardín y deja tu pelo suelto...solo cepillado. Después acude a la cita que tienes hoy y no digas nada que no sientas, nada de lo que no estés perfectamente convencida. Verás como mañana no te quedará otro remedio que unirte a mi pandilla, si no es que quieras morirte de soledad y de aburrimiento. ¿Qué te parece mi idea?...¿aceptas??...”
...”¡Naturalmente que no acepto!...Yo ya no soy una niña para andar con jueguitos de ese tipo. Sería una falta de educación imperdonable y sin sentido, pues estoy segura que nadie me volvería la espalda por mi ropa y menos aún por decir la verdad. Si por algo se me conoce, es por mi sinceridad...”
...”¿Por tu sinceridad?....¡Vaya desfachatez la tuya hermanita!...Pero si yo misma te escuché decirle a la señora Rodena que su vestido era maravilloso y que le sentaba de mil maravillas.... siendo que la pobre señora parecía una piñata en posadas. ¿O me vas a decir que de verdad te pareció que se veía preciosa la digna señora?...”
...”Bueno...eso es cosa de educación. No me puedes llamar falsa por no decirle a una dama que se veía fatal...¿verdad?...”
...”No,...por no decirle que se veía fatal no te puedo acusar de falsa. Te acuso de falsa por decirle que se ve muy bien cuando no era cierto. ¿Qué te costaba haberte quedado callada?...no decir nada...eso era preferible a mentir tan obviamente..¿no crees?...”
Las palabras de Mara han caído en el ánimo de Mariana como un pesado plomo que le aprieta fuertemente la garganta. Es justo en ese momento cuando la voz un tanto agitada de Concepción las viene a interrumpir para avisar que ha llegado Mauricio, quien entra solo un paso atrás de la sirvienta sin esperar a que se le invite a pasar. Viene totalmente transformado. Al ver a su primo, Mariana no puede dar crédito a sus ojos, y Mara sonría con un intenso júbilo al comprobar, que sus ideas se le han contagiado al joven diplomático. Nada queda en él del traje de etiqueta y del aire protocolario, refinado y fingido de la noche anterior. Es como si hubiera escuchado lo que Mara le proponía a su hermana. Y hubiera adoptado para sí los jeans y la camisa vieja. ¡NI siquiera se ha puesto zapatos!!...
Va directo a Mariana, a quien le da el acostumbrado beso en la mejilla, solo que esta vez lo hace con un aire de evidente descuido, casi mecánicamente. ..parta dirigirse inmediatamente después a Mara para decirle con toda la alegría de que es capaz:
...”Bueno...¡vámonos ya! Como no me llamaste, decidí venir por ti de todos modos. ¿ya estas lista? ...La prueba de motocicletas ya debe haber empezado...¡vámonos ya!...”
...”¡Claro que estoy lista!...Nada más deja que me ponga unos pantalones, no me tardo nada...¡ahorita bajo!...”
Todo ha sucedido tan rápido, que Mariana no ha podido pronunciar ni media palabra. Sin embargo a ver a su hermana correr escalera arriba y quedarse sola con Mauricio, su asombro es tan grande, que tiene que preguntar:
...”¿Qué te ha ocurrido Mauricio?...te ves, no sé...tan cambiado, como si fueras uno de esos chiquillos locos que siempre acompañan a Mara. Tu no eres asi...tu eres un hombre serio y formal, cuando te vi entrar, ni siquiera te pude reconocer...”
...”¿De verdad?...Pues así espero que les pase a todos mis conocidos . Deseo con toda el alma, que por hoy no me conozca nadie. Quiero ser auténtico y divertirme verdaderamente, aunque sea por un solo día en mi vida. .. Mañana tendré que volver al ministerio y a la diplomacia, pero por hoy, quiero ser libre y sin fingimientos...”
...”Entonces ¿tu crees que nuestra vida está llena de falsedades y banalidades vomo afirma Mara¿”...
...”Naturalmente que si, primita...y si no, fíjate...hasta a ti se te ha olvidado que tengo solo 30 años. Te has acostumbrado a verme siempre entre tanta rigidez y tanto protocolo, que has creído que soy tan viejo como los hombres que siempre me rodean. ¡Pero no!...soy joven aún, y hoy me voy a divertir como loco...¡ya lo verás!...”
...”Y si piensas así, ¿porqué no abandonas esta vida y te vuelves ‘lobre’ como Mara?...”
...”Porque ya es muy tarde para mi. Yo creí durante muchos años que todo nuestro mundo esa lo único digno y posible...y cuando descubrí que todos esos hombres tan dignos y esas damas tan ‘respetables’ eran mil veces peores que esos libres como Mara, ya era muy tarde, ya tenía toda una vida cimentada sobre esas bases falsas, y como no soy tan valiente como para volver a empezar,...me conformo con disfrutar de un día al año para ser auténtico...pero auténtico a la buena. No como la señora Rodena, tu amiga...esa señora si que no se mide con sus diversiones. Si hubieras visto Al tipo que la acompañaba cuando tuve que ir al tribunal para que retiraran las cargos por escándalo y faltas a la moral pública que habían puesto en su contra, ¡no lo creerías!...”
...”¿La señora Rodena?...¡No, no es posible!...Ella es toda una dama, incapaz de nada semejante...Debes estar confundido, Mauricio...”
...”Estoy lista, ‘Mauris’, ¡Vámonos ya!...”
Mara ha bajado tan rápìdamente como había subido, y dando un brinco desde los últimos escalones ha tomado de la mano a su primo y antes de que Mariana pudiera siquiera escuchar la despedida de los dos muchachos, éstos desaparecieron alegremente corriendo hacia la calle.
Una vez sola, Mariana vuelve a mirar hacia el salón, y es como si el desorden que aún hay en toda la casa le ayudase a tomar una resolución. Sin pensarlo más, se dirige hacia su recámara, y mientras se desabotona el saco, grita algunas órdenes a Concepción quien en esos momentos presurosa va saliendo de la cocina para obedecer las órdenes de limpieza que ha recibido. Pocos minutos después, Mariana sale de la cochera en dirección a la cita con las damas del comité que ya la esperaban desde hace tiempo.
Se siente tan rara con el cabello suelto y el olor a insecticida del que inevitablemente se ha impregnado su camisa y que le provoca una ligera comezón en la nariz. ..Ha salido un poco nerviosa y procurando que ni siquiera Concepción la viera vestida tal y como se lo sugirió su hermana menor. No quiere que nadie la vea, pero más que por su atuendo, por evitar que Mara se entere de que decidió seguir sus consejos y someter a una prueba a sus tan apreciadas y estimadas amigas...Aunque ni ante ella misma lo quiere admitir, tiene miedo...

---- o ----


Es bien pasada ya la media noche , cuando la puerta principal de la casa se abre, y Mauricio se despide afectuosamente y con alegría de Mara. Poco tiempo después ésdta camina por la sala en penumbra y se sorprende sobremanera al descubrir que Mariana se halla sentada en uno de los majestuosas sillones. Se ve como si fuera una aparición angelical, ataviada con una bata rosada tan transparente, tan suave, tan fina y delicada como ella misma. Está quieta, callada, pero no duerme. Es como si sus pensamientos hubieran llenado toda la casa.
Cuando Mara se le acerca con un aire extrañado y su voz no atina a salir, Mariana la mira fijamente y con tranquilidad le dice:
...”Descuida, no estoy dormida...¿ya se fue Mauricio¿...”+
...”Si claro. Recuerda que mañana debe volver a su trabajo... Pero y tu...¿qué haces aquí tan tarde?.. No me irás a decir que me estabas esperando, ¿verdad?...Creo que el tiempo en el que tenías que preocuparte por la hora de mi llegada ya pasó. ¿o no?...”
...”Si , efectivamente ya pasó...No te estaba esperando por la hora, sino porque quiero que hablemos un poco tu y yo...”
...”¿Sigues enojada por lo de anoche?...Pensé que para estas horas ya se te habría pasado el disgusto. Pero parece que fue demasiado para to, porque aún te dura el berrinche...Bien, aquí me tienes, escucho todos los reproches que me quieras hacer. Estoy tan contenta , que te prometo que no te replicaré ni una sola vez...¿Me vas a correr de la casa?, ¡dímelo!...Te prometo que por esta vez, por esta noche, no protestaré...”...”No, supongo que ya no estoy enojada. Esta mañana tal vez si, pero ya no tengo nada que reprocharte. Quizás se han formado tantos reproches contra el mundo dentro de mi, que ya no tenía caso expresar ninguno...Esta mañana hubiera podido echarte de la casa, pero ahora ya no le encuentro el menor sentido...¡Para qué!...”
...”¡Oyeme, oyeme!...¿A ti qué te pasa? ...¡te sientes mal?...Estas como apagada, casi diría que estas muy triste...”
...”No sé, ...pero realmente no lo sé...Quizás solo sea que me quedé vacía, hueca, sin fe. Pero supongo que eso no importa demasiado ahora. Solamente te esperaba para hacerte una pregunta, una sola pregunta...”
...”¿Una pregunta...tu a mi???....pero hermanita, aquí tu eres la que se ha encargado de dar la respuesta a todo desde siempre...No te entiendo, pero en fin, te escucho...siempre y cuando seas breve, porque es tardísimo y estoy que me caigo de sueño...”
Mariana ha vuelto a apoyar la cabeza en el sillón. Su mirada grisásea parece estar perdida en un rincón no determinado entre el techo y las paredes del majestuoso salón, y sus finas manos se acariciaron una a la otra con dolida lentitud...Parece como si meditara cuidadosamente la forma de hacer su pregunta.
Después de un breve lapso de silencio y ante la intrigada y evidente impaciencia de Mara, por fin suena su voz. Esa voz que de ordinario suena cantarina, esta vez se ha tornado ausente, honda , dolida al preguntar lacónicamente:
...”¿Eres feliz?...”
...”¡Ja!...Vaya una preguntita, hermana. Si así son todas tus interrogaciones, me alegro muchísimo de que no me las hagas muy frecuentemente...¡¿Te das cuenta que me has hecho una pregunta cuya respuesta valdría un millón de dólares!?...”
...”¿Eres feliz, si o no?... ¿Sabes tu lo que es lo bueno y qué es lo malo?...¿En tu mundo, en tu medio, en tu forma de vida, no existen las fallas?...¿Es todo lo tuyo perfecto y todo lo mío falso e imperfecto?...”
...”¿Pero me lo estas preguntando en serio, Mariana? ...Pues desde luego que tu modo de vida no me parece muy bueno. No podría decir que todo lo que lo conforma es negativo, pero yo le encuentro menos positivos y mucho más negativos. Ahora, en cuanto a mi mundo, creo que también tiene sus grandes fallas, pues como tu dijiste esta mañana, no se puede ir pisoteando sistemáticamente todo lo establecido. Creo que dentro de ‘lo establecido’ también existen cosas positivas y dignas de respeto. Lo malo es que una vez que te metes a eso de la libertad absoluta , igual que la corrupción de tu sociedad, también se va enredando y llegamos en un momento dado a querer arrasar con todo lo que se nos oponga, del mismo modo como tu mundo rechaza necesariamente, sin examinar, sin ver más allá de la superficie, todo lo que se relaciona con nosotros. ‘los locos liberados’....”.
...”Quieres decir con eso, que ni tu mundo ni el mío son buenos---¿Es que en todo lo que hace el hombre siempre hay algo malo? ¿Qué hemos de hacer entonces los que ya abrimos los ojos a la realidad?...”
...”Te juro, Mariana, que no alcanzo a comprender qué es lo que te ha ocurrido. ..¡pero si hasta parece como si fueras a ponerte a llorar!...¡no me dirás que te decidiste a hacer el jueguito que te propuse esta mañana!...¿Te presentaste ante tus amigas en fachas?...”
...”No, claro que no!...Es solo que estuve mucho pensando en ti, en Mauricio y en todo lo que me estuvieron diciendo. No me ha quedado más remedio que admitir, que los dos tienen algo de razón. Por eso quise preguntarte, si en ese mundo en que tu vives y al que Mauricio se escapa de vez en cuando, es el mundo correcto. ¿Es el correcto, Mara?..¡dime por favor!...”
...”¿El correcto?...¡Ay hermanita, supongo que no, tampoco es el correcto. Es cierto que tu mundo no es correcto, no es bueno, pero igual que tu, también tengo que admitir que tampoco el mío lo es del todo...”
...”¿Y entonces... cuál sería la solución ideal para vivir?...”
...”¿Lo ideal?...Lo ideal sería encontrar el justo medio. Pero eso, mi querida hermanita, lo ha buscado el hombre desde que se le ocurrió la idea de vivir. Y aúnno lo ha podido lograr....¡qué digo lograr!...Ni siquiera se ha podido descifrar dónde queda exactamente el justo medio de las cosas de la vida... Lo que tendríamos que preguntarnos cada uno de nosotros es ¿en cual de los dos extremos podríamos encontrar una mayor seguridad? Tu por ejemplo, ¿crees que podrías renunciar a esa hermosísima y delicada bata de nylon para ponerte mi comodísima camiseta de futbol americano?...”
...”No lo sé, Mara...creo que no podría hacerlo. Me sentiría sumamente incómoda. A mi me gusta la suavidad, la delicadeza de las telas finas, de las cosas buenas, de la gente bien educada...Pero si éstas son falsas, ¿cómo he de disfrutar de su compañía?... “
...”Bueno hermanita, asi como tu crees que te sentirías incómoda con la ropa, las palabras, las costumbres que tengo yo, creo que yo tampoco podría adoptar tu ropa, tu lenguaje, tu mundo en general, porque yo amo la comodidad, la libertad y la carencia total de cànones protocolarios...”
...”¿Entonces cómo vivir en un punto medio que ni siquiera existe?...”
...”No lo sé, Mariana, lo único que se me ocurre es que cada quien debe escoger su mundo y aceptarlo con todas sus fallas y todos sus aciertos. Vivir cada quien como mejor le parezca , pero tratando de ser comprensivo y tolerante con aquellos que no son como somos nosotros. Eso significa que no debemos herirnos e invadir la idiosincrasia particular de cada quien. Tratar de no repudiarnos los unos a los otros, sin siquiera escucharnos, por el único motivo de no compartir nuestros intereses y nuestro mundo de contemplar la vida....”
...”Respetarnos mutuamente y volvernos ciegos para las fallas de nuestro medio...¿Crees que esa sería la única solución posible?...”
...” Si existiera otra solución...te juro que no se me ocurre a esta hora. Pero mira por ejemplo, ¿qué daño te hago y a ti, con no vestirme igual que tu? Pero por otro lado, si en aras de esa ‘libertad’ yo en una fiesta o ‘reventón’ te causo daños en tus muebles y rompo unos de tus finos jarrones chinos...eso ya no es admisible, lo reconozco. ...Pero estoy cansadísima y creo que por esta vez tu también te encuentras rendida de cansancio... ¡Anda hermanita! Dejemos las preguntas sobre la vida para otra ocasión mejor. Vamos a dormir...ven, yo te acompaño hasta tu puerta, porque yo te veo muy rara y serías capaz de quedarte en vela toda la noche...Por hoy vamos a recordar cuando yo era pequeña y tu me llevabas hasta mi cama para evitar que me quedara a medio camino...¡Ande! vamos ya, que me caigo de sueño...¡ven!...”
Mara abraza con ternura soñolienta a su hermana mayor y juntas van subiendo muy lentamente la enorme escalera que conduce a las recámaras. Entre las dos hermanas hay amor, siempre lo ha habido, solo que esta noche se han vuelto a unir , como cuando Mara era pequeña y Mariana la cuidaba en esas noches en que más extrañaba el calor de la madre ausente. Se han vuelto a unir, pero esta vez para siempre, pues ha surgido la comprensión y la tolerancia tan necesarias en toda convivencia.
Seguramente Mara jamás se enterará de que mariana siguió su sugerencia y que al presentarse ante sus amigas sin formalidades, con autenticidad, lo memos que le preguntaron esas distinguidas damas, fue que si se encontraba enferma o ‘sumamente nerviosa’ por algo.
Mariana dejará de frecuentar a esas personas, pero seguramente se topará con mil seres iguales a los que fingirá no conocer realmente , siguiendo así el consejo de su hermana de buscar el lugar más cómodo de vivir la vida.
Una vez que ha dejado a Mariana metida en su cama, Mara apaga las luces del corredor y en medio de un bostezo echa un vistazo a la puerta cerrada de su hermana y sonríe con un poco de tristeza. Después gira sobre los talones y entrando lentamente a su recámara, murmura con una gran ternura:
...”Buenas noches, hermanita, buenas noches...”
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