Bienvenid@s
Buscar
 
 

Resultados por:
 


Rechercher Búsqueda avanzada

Nuestros libros
smile smile smile smile<><>smile<><>smile<><>smile<><>smile<><>smile<><>smile<><>smile<><>smilesmile<><>smile<><>smile<><>smile<><>smile<><> smile<><> smile <><>smile<><> smile<><> smile <><> smile<><>

Amig@s de la casa
RadioMisterium

TRISTEZA POR UN AYER FELIZ (cuento de Gisela)

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

TRISTEZA POR UN AYER FELIZ (cuento de Gisela)

Mensaje por Administración el Miér Mar 09, 2016 11:29 pm

ESTUCHE DE VERDADES Y FANTASIAS

CUENTOS DE
GISELA PFORDTE F.





TRISTEZA POR UN AYER FELIZ


Sinopsis: La trágica historia que generalmente llega con la vejez, al recordar lo que pudo significar la felicidad y que por la inexperiencia de la juventud se dejó perder. Y luego, al transcurrir los años, pretende servir para orientar a alguien aún más joven.

-----------------------------------------------------------

Acabamos de llegar a un pequeño poblado costeño. En él, el tiempo parece haberse detenido por lo menos un siglo atrás. Las casas aquí son muy viejas, pero al mirarlas, dan siempre la grata impresión de ser nuevas y de estar muy limpias, pues todas están como si les hubieran puesto un uniforme escolar, pintaditas de blanco y con los techos de teja roja y relucientes por el sol.
En este lugar el mar es luminoso, cálido y de un tono de azul que muy fácilmente supera la imaginación del mejor de todos los pintores. El aire tiene algo de dulzura que increíblemente se mezcla con el salitre natural que existe en cualquier litoral del mundo.
La gente que vive en este lugar no es mucha, apenas si sobrepasa los 600 a 700 habitantes. Todas son personas recias, con la piel curtida por el sol, trabajadores y bonachones. Todo lo que hay en este sitio tiene un olor y un sabor que no parece ser muy real. Es un paisaje tan especial, que inevitablemente nos conmueve al contemplarlo.

----o----


Comenzamos a caminar por todos lados. Subimos y bajamos calles, de piedra unas y de simple tierra las otras. Personas... perros... gallinas... puertas y ventanas nos sonríen siempre con dulzura, alegría y seguridad al pasar, como seguramente lo han hecho desde hace muchos siglos.... sin temor de nada y con sinceridad.
De pronto nos topamos con una casa que se distingue en algo imperceptible de todas las demás. Sentado en el portón, sobre una muy antigua y casi destartalada mecedora de mimbre y cedro, está un viejo al cual nos detenemos a observar.... En otros tiempos debió ser un hombre muy fuerte, atractivo y con una gran personalidad. Pero hoy, con los años encima, se le adivina un poco encorvado. Aún conserva una espléndida estatura. Tiene el cabello muy abundante y la llega casi al hombro y ya lo tiene mucho muy blanco. Luce una muy bella y espesa barba que parece estar hecha de pura plata y que le resalta increíblemente , enmarcando su rostro fuerte, aunque de facciones finas y a veces hasta suaves, con la tez dorada de sal, sol y viento. Tiene la mirada fija en algo que nadie sino él solo puede ver, mientras fuma pensativo e impasible un tabaco bien oloroso en su vieja y bien conservada pipa que él mismo se compró , allá, en la antigua y tradicional Irlanda.
Es nada menos que el extraño capitán McBrite. Tiene ya varios años viviendo en este pueblo. Llegó un día, sin que nadie supiera de qué país venía, de dónde había salido, o porqué había escogido a este lugar para que éste fuera su último desembarco. Simplemente llegó, sin saludar a nadie y se instaló en este casa de “Playa Mentira” que durante tantos años estuvo deshabitada.
Poco a poco la gente se acostumbró a ver al viejo capitán como si fuera un trocito más del hermoso paisaje ... Aquel hombre pronto se ganó el respeto de todas las personas del lugar, a pesar de que era un poco huraño, reservado y no gustaba de charlar mucho con los demás.

----o----



El capitán McBrite se pasaba día tras día sentado mirando al mar, y la única compañía que aceptaba era la de Ciprianillo, el niño huérfano del pueblo que vivía con todos, pero quien a fin de cuentas no tenía a nadie.
Con Ciprianillo el capitán hablaba poco, pero compartía con él pan , cerveza y uno que otros suspiro mirando ambos el grandioso horizonte de cambiantes tonalidades de azules y verdes. De cuando en cuando el viejo entonaba una cancioncilla en un idioma que era totalmente desconocido para el chiquillo, y cuando éste le interrogaba sobre la traducción de la letra de esa canción, el capitán callaba al instante y miraba hacia un rincón.
Algunas veces el capitán amanecía con deseos de charlar y esperaba con mucha impaciencia la llegada de Ciprianillo, quien con sus desmesurados ojos verdes muy atentos, escuchaba sin perder detalle de la profunda voz del viejo que le contaba historias como ésta:
...”Sabes, una vez estuve a punto de convertirme en un príncipe de la bella Italia , pues tuve de pasajera en mi “Luzbel” a la princesa Sofía.
Era ella una mujer más bella que la Estrella del Norte. Tenía el cabello del color de la noche y su boca parecía una flor en botón....
Se enamoró de mi por haberla rescatado de caer al mar en una noche en que la tormenta azotaba ferozmente al “Luzbel”. En pago por mi gallardía, Sofía me brindó su principado y su amor ... y ¡por todos los cielos... cómo amaba esa mujer!!...”
...”¿Y porqué no se quedó con ella reinando, capitán?...”
preguntaba el chiquillo inocente y crédulo
...” porque me llamaron más fuerte el amor y las caricias del mar que aquella hermosa mujer...”
le respondía el viejo con toda naturalidad.
Otras veces las historias que contaba el capitán McBrite hablaban de su enorme valentía al repeler aguerridamente el fiero ataque de mil piratas o bien de traidores amotinados. También solía describir con largueza parajes , islas y mares de incomparables hermosuras, los cuales seguramente eran una composición de algo visto y de algo soñado por una muy aguda imaginación ya un poco senil.
Eran precisamente estos relatos del viejo capitán , los que le habían alejado un poco del resto de la comunidad. Pues para los hombres jóvenes y aún fuertes, todo lo que él contaba eran patrañas de un viejo tonto. Para las mujeres bellas y aún anhelantes, solo eran lindos cuentecillos de un pobre anciano que ya no podía sino soñar.

----o----



Cipriancillo ya no es un niño precisamente, su hombría ya empieza a despuntar en cuatro pelillos que le rodean y le incomodan la cara. Su voz ya comienza a salirse de tono y a veces le sale un “gallo”, y su estatura ahora ya sobrepasa a la de muchos otros hombres del pueblo.
El párroco del lugar, desde hace muchos años ha venido haciendo pequeñas economías en la sacristía hasta reunir un considerable capital, con el único fin de enviar al muchacho a un buen colegio para aprender el honorable y “santo” oficio de carpintero. Pero el bien intencionado sacerdote se olvidó de consultar sus planes con el propio Ciuprianillo. De esta manera sorpresivamente se encontró con la total y rotunda negativa del chico, de alejarse del puerto.
...”¡Qué pensará ese niño... qué se habrá creído...! No es posible que se atreva a rechazar el futuro que le está ofreciendo el señor cura. ... y de paso nos ofende a todos nosotros, pues a fin de cuentas, ese dinero lo dimos todos nosotros con nuestras generosas limosnas...”
...”Si, es verdad...pero de todo esto solo tiene la culpa el capitán McBrite, que le ha metido un montón de cuentos en la cabeza al pobre e ingenuo Ciprianillo...”
Eran estos los comentarios generalizados de las personas más sensatas y honorables del pueblo. Pero nada de eso le hace mella al muchacho. Él es feliz sentado todos los días al lado del capitán , escuchando maravillado los impresionantes relatos que el viejo le hace.

----o----



Hoy ha llegado Ciprianillo un poco más tarde que de costumbre a ver al capitán McBrite, y se ha encontrado con que su viejo amigo está más sombrío y triste que nunca, tanto así, que hasta parece que allá en el fondo de sus grises ojos esta temblando el brillo de una lágrima.
...” Hola, capitán, perdón por llegar hoy un poco más tarde, pero es que me entretuvo el latoso del cura echándome un sermón a la pasada...”
dice el chico con fastidio y desenfado al sentarse , como todos los días, junto al capitán. Solo que esta vez no obtiene ni siquiera una mirada como respuesta, del capitán, ya de por si huraño.
Hubo un largo rato de silencio entre aquellos dos buenos, aunque disparejos, amigos El capitán se entretiene jalando el humo oloroso de su pipa manteniendo la vista fija allá, en el “fin” de ese mar azul . Entre tanto el chico juguetea con los ojos persiguiendo el rumbo indeterminado que toma el humo al salir de los enjutos labios de aquel tan querido viejo. Por fin el capitán comienza a hablar , aunque en un tono muy extraño, como si le doliera muchísimo hacerlo:
...”He oído que tienes problemas en el pueblo. Dicen que te has puesto en contra del párroco y de casi todas las personas respetables que quieren hacerte un bien...”
...”¿Un bien?...pero capitán, ¡por todos los diablos! ...¡cómo van a hacerme un bien si tratan a enviarme a refundirme en un colegio de monjas, dis’que pa’que aprenda el asqueroso oficio de la carpintería...”
...”¿¡De monjas!? ...uuffff...¡con razón...! “
...”¿Me imaginas tu, pudriéndome en una oscura carpintería? ¡No! Eso es una estupidez...Yo nací para la libertad, para el aire, para la sal y el sol. Yo nací para el mar...para ser como fuiste tu, capitán. Para conocer el mundo y correr las mismas aventuras que has corrido tu. ¡Si! Eso es, ¡quiero ser como fuiste tu!...”
...¡Aah!...vamos... quieres ser como fui yo...”
murmuró el capitán McBrite con una infinita tristeza reflejada en sus ojos. Hay después una breve pausa de silencio hasta que y sin apartar la vista de su tan querido mar. volvió a hablar en tono suave y pausado:
...”Hoy te voy a contar una historia nueva... viene desde que yo tenía 14 años como tu ahora, también entonces vivía yo en un pequeño poblado a orillas del mar, quizás era hasta más bello que éste. Como tu, yo también soñaba con hacerme a la mar en un gran buque... y así lo hice.
Ingresé a las enormes filas de lavaplatos del “Alejandría”, un barco muy importante en aquella época,. Poco a poco fui ascendiendo hasta llegar a ser el primer oficial de a bordo. Esa cosa me llenaba de gran orgullo. ... Era hermoso viajar y conocer el mundo como siempre lo había querido...”
...”¡Maravilloso!...Así mismo tengo pensado hacerlo muy pronto yo también...”
interrumpió el chico vivamente entusiasmado. Pero McBrite prosigue su relato como si no hubiera escuchado la interrupción de Ciprianillo.
...” El trabajo era muy duro, pero se me olvidaba cada vez que el “Alejandría” tocaba tierra. Y si el puerto me era aún desconocido, la ansiosa alegría de “descubrirlo” era mucho mayor. En relativamente corto tiempo logré tener mi propio barco, el “Luzbel” , del cual era yo mismo el capitán. Yo era joven aún, apenas había cumplido los 30 años, cuando mi “Luzbel” tocó por primera vez este puerto, que como por encanto, se nos apareció frente a la proa, justo cuando más lo necesitábamos nosotros. Atracamos en la bocana y desembarcamos el primer oficial de a bordo, tres marineros y yo mismo para reaprovisionar el barco.
Después del trabajo venía la diversión. Tomamos mucho vino y cerveza , hasta que, como de costumbre, cada quien tomó su rumbo y se perdió por las calles del nuevo pueblo. Yo lo recorrí entero , hasta llegar a las afueras donde me tumbé boca arriba sobre la arena de “Playa Mentira”. Entonces llegó hasta mi una voz femenina que me preguntó solícita: “¿Se encuentra usted extraviado, capitán?” Era ella una chica linda como la primavera, joven como un amanecer y con el fuego del sol en la piel...
El “Luzbel” permaneció en puerto más de un mes con las protestas lógicas de casi toda la tripulación. Pero no hubo poder de Dios capaz de hacer que yo diera la orden de levar anclas. Pero un día llegó el momento de decidir la partida del barco y la pregunta generalizada era si el capitán se quedaría en tierra o si seguiría de aventurero. ....Ahora te puedo decir, que aquella bella mujer fue el único amor del capitán McBrite....
Pero en aquel entonces pudo más en mi el llamado del mar con sus aventuras, y que al fin, abandoné la casita de “Playa Mentira” que guardaba para mi entre sus blancas paredes el amor Fui feliz por un tiempo, no lo niego, pues las historias que te he contado, son casi todas ciertas. Pero me hice viejo,, mi buen Ciprianillo, y añoré aquello que algún día dejé por seguir al mar. Volví entonces a este puerto en un vano intento de recobrar lo que aquí se quedó un día, pero ya no se pudo encontrar.
Ella había muerto, sola, en este mismo lugar hace ya mucho tiempo...y yo, a fin de cuentas, me quedé sin nada. El mar es una amante implacable y cruel, que siempre escupe a la playa lo que ya no le sirve, lo que ya no puede usar, lo que ya se ha puesto viejo....y yo ya me puse tan viejo... tan viejo...”

Al terminar el capitán su larga historia, hubo un inmenso silencio en todo el lugar. Como si hasta el fiero mar hubiese estado atento a cada palabra que decía el buen viejo. La noche ha caído ya y el chico saborea un gusto extraño en la orilla de la boca. Ninguno de los dos se ha movido , ni siquiera para mirarse a los ojos, hasta que la voz de Ciprianillo un poco insegura comienza a sonar:
...”Con todo eso me quieres decir que debo hacer caso al cura e irme lejos del mar a estudiar...¿No es así, capitán?...”
...”Yo no quiero decirte nada. Solo lo que he dicho... Tu dices que quieres ser como fui yo, y me pareció muy justo decirte, en verdad, como me fue a mi y como fui yo...”
...”Pero es que yo quiero vivir las aventuras , los peligros y las bellezas y emociones que se esconden en el mar. .. No podría resistir estar cautivo en una triste carpintería...simplemente no podría...”
...”Cálmate... ¿No has pensado que el carpintero que construye los barcos también puede ser un poco como el hacedor de las aventuras que pudieran correrse en su barco?... Piénsalo, Ciprianillo, y detente a mirar, lo que soy yo. Piénsalo, muchacho...¿quieres?...”

----o----



Así, poco tiempo después, el muchacho empacará sus pequeñísimas pertenencias y se irá de interno al colegio de monjas para estudiar y aprender el “santo” oficio de la carpintería.
En cuanto al viejo Capitán McBrite seguirá formando parte importante del bello paisaje, siempre sentado en su antigua y destartalada mecedora de mimbre y cedro. Tendrá su mirada fija por largo tiempo en algo que nadie sino él puede ver y fumará ese tan aromático tabaco que se trajo de la vieja Irlanda. No hablará ya con nadie más...no llorará ni tampoco se reirá jamás.
Es y será siempre, solo un viejo lobo de mar, que tiene en sus ojos su gran dolor por lo que fue y por lo que él mismo no permitió que fuera... y cargará por siempre sobre sus cansados hombros una incalculable y casi inconcebible tristeza , añorando un ayer feliz...
avatar
Administración
Admin
Admin


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.