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EN EL FIN, COMENZÓ (cuento de Gisela)

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EN EL FIN, COMENZÓ (cuento de Gisela)

Mensaje por Administración el Miér Mar 09, 2016 11:26 pm

ESTUCHE DE VERDADES Y FANTASIAS

CUENTOS DE
GISELA PFORDTE F.




EN EL FIN, COMENZ?

Sinopsis: Un relato, cuyo personaje central es totalmente ver?dico, y a trav?s del cual , el autor trat? en su oportunidad de hacerle llegar al interesado un mensaje de apoyo, tratando de rescatarlo del profundo pozo en el cual a la fecha sigue hundi?ndose poco a poco sin lograr salir, y sacar junto con ?l lo mucho o lo poco bueno que a?n le queda a la maltratada especie humana.
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Adri?n era un extra?o solter?n, al que, seg?n ?l mismo dec?a, nadie lo comprend?a....
Desde muy ni?o hab?a dedicado su vida a cuidar a su madre, ya muy grande y que enviud? casi desde que ?l naci?. Ten?a ella un car?cter bastante fuerte y en ocasiones hasta algo tir?nico. Adri?n hab?a pasado mil penalidades en su ni?ez y tambi?n en su juventud. Pero tambi?n es cierto, que hab?a vivido mil aventuras y mil alegr?as , aunque se empe?aba en olvidarlo. Llev? pues una vida de bohemio esclavizado por una madre demandante.

Con el transcurso de su vida, casi durante 50 a?os, hab?a quedado un tanto amargado, al punto de que cuando, ?tirando una cana al aire? y se emborrachaba, le daba por llorar de desesperaci?n, pues hab?a brincado de talento en talento sin hallar es suyo jam?s.

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En un tiempo, cuando era peque?o a?n, cargaba canastas en un mercado. Luego cuando le aument? la edad, quiso ser torero ?de los buenos? . Pero result? que un d?a aquel torito retinto le pis? la punta de la zapatilla y nuestro amigo sali? corriendo y jurando que no volver?a a torear nunca m?s.
Despu?s fue de todo...futbolista, arriero, vendedor, tendero, antrop?logo, guitarrista, pistolero y hasta hubo quien lo quiso volver guarura y mat?n.

As? fueron transcurriendo los a?os, hasta que lo encontramos convertido en uno de los peque?os ejecutivos de una tir?nica empresa extranjera de la cual Adri?n aparte de sus innegables conocimientos y habilidades, sac? un profundo odio y rechazo hacia todos los que todos los que no hubieran nacido dentro de las fronteras nacionales.

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Un d?a Adri?n conoci? a Tachito, un hombre m?s o menos de su misma edad, y de condici?n medianamente humilde. Este hombre bien pod?a pasar por desapercibido, a no ser por el hecho de que era poseedor de gran parte de los inmensos misterios referentes al cuerpo y el alma de los seres humanos.
Adri?n era curioso y a buena ley, estudioso y lector casi de vicio, y naturalmente le envidi? a Tachito aquellos conocimientos. Al poco tiempo de estar en contacto con ?l, le pidi? que le ense?ara....que compartiera con ?l todo lo que sab?a.
El buen Tachito accedi?, pero claramente le advirti?:

?...Yo con gusto te lo ense?o todo, pero tengo que advertirte, que casi nunca el
conocimiento de las cosas trae la felicidad. Puede darnos cierta seguridad en nosotros mismos...alcanzaremos un poco de aplomo y paz....quiz?s hasta alguna tranquilidad de esp?ritu.... pero en otras ocasiones nos da una gran inconformidad y hasta nos llega a invadir una muy triste impotencia ante la vida. Pero la felicidad.....esa casi nunca nos lo da tanto conocimiento. Pero si tu, a pesar de todo lo que te he dicho, insistes que te haga part?cipe de los pocos y humildes conocimientos que poseo...lo har? ...?

Adri?n crey? entender lo que su amigo le dec?a y acept? gustoso el riesgo de no ser feliz jam?s, con tal de saber todo lo que Tachito le pod?a ense?ar sobre el cuerpo, y m?s que nada, sobre los misterios del alma humana. Que es ya de por s? tan misteriosa y complicada.
Y comenzaron entonces a estudiar....
Le ense?? a conocer las hierbas medicinales, malas y buenas para el hombre. Tambi?n aprendi? a distinguir con toda facilidad , los puntos del cuerpo que son los m?s vulnerables de sucumbir ante el poder extraordinario de la propia mente.
Estudiaron filosof?a, sicolog?a, medicina, antropolog?a, teolog?a...en fin, todas las ciencias relacionadas con el hombre y su dif?cil existencia

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El tiempo transcurri? normalmente y Adri?n aprendi? con rapidez todo lo que le ense?aban. Durante algunos meses se hizo miembro de una ?Hermandad Espiritualista? , pero al poco tiempo la abandon?, porque vio algunas actitudes que hirieron su superdesarrollada ?tica moral.
Pronto sus familiares y amigos comenzaron a notar, que su cabello prematuramente empezaba a blanquear y su rostro se envejec?a con gran velocidad.
Su madre, confundida, comentaba a los vecinos con ansiedad:

?...Este Adriancito me tiene muy preocupada, pues ahora que parece que por fin se ha establecido, se est? consumiendo muy r?pidamente. Nada m?s m?renlo, si hasta parece de mi misma edad.

?... ?Ay! , do?a Tomasita, ni se apure usted ...?qu? no sabe aquello de que el alcohol lo conserva todo en buen estado? ...y como su Adriansito no toma, pues....? .

Le contestaba invariablemente alg?n mal?volo en tono de burla... Y en efecto, aquel Adri?n que en anta?o fuera un aventurero, un bohemio de canto m?sica y vino, hoy estaba avejentado y con un car?cter muy ?spero. Ya casi no soportaba a la gente, pues en cada una de las personas que le rodeaban y con quien trataba, les encontraba mil errores y defectos que antes no percib?a y que ahora le resultaban imposibles de soportar.
En relativamente poco tiempo cambi? tres veces de empleo, con la ?defensa? de que todos sus compa?eros eran una ?mierda? y que le ten?an muy mala voluntad.
De nada le serv?an las opiniones y los consejos que recib?a de un par de amigos, los cuales le dec?an repetidamente que val?a m?s fijarse en las muchas o pocas cualidades y virtudes de la humanidad y pasar por alto los muchos o pocos defectos que todos tenemos

?...?No puedo! ...Me irritan, me desesperan. ...?NO PUEDO!

Acababa de gritar siempre el pobre y ya desadaptado Adri?n.

------------



As? pasaron algunos a?os y Adri?n continuaba con su r?pido y desmesurado aprendizaje. Le?a libros de todas clases con una avidez muy poco usual . Se olvid? de todo aquello que no fuera estudiar y aprender, pero curiosamente entre m?s conoc?a y cuanto m?s sab?a, menos pod?a soportar lo que ?l dio en llamar ?la estupidez de la humanidad?.
Sosten?a largas pol?micas, que a menudo terminaban en airadas discusiones con aquellos amigos que a?n fieles a su maltratada persona trataban de convencerlo de que la humanidad TODAV?A ten?a su lado bastante bueno y que ?l ten?a que aceptarlo por su propio beneficio.
Pero nada.... Adri?n segu?a ?montado en su macho? y cada d?a despreciaba m?s y m?s la humanidad que lo rodeaba.

------------



Un d?a, Graciela, una chica muy joven, si la comparamos con la edad de Adri?n, y que en verdad estimaba a aquel solter?n, preocupada por su actitud tan negativa que ?ste hab?a adoptado para ?juzgar? a todas las personas por igual, descubri? que quiz?s Adri?n todav?a no estaba preparado para aprender tanto, y un d?a, sin m?s ni m?s se lo dijo asi:

?...F?jate Adri?n, que yo creo que tu no debes aprender m?s. Leer tanto creo que te hace mal, pues pretendes que la humanidad sea igual a lo que sue?an y luego ponen en papel los escritores, que casi siempre la idealizan y la pintan mejor de lo mejor. Eso es muy dif?cil de lograr. Tu al no poder encontrar la perfecci?n absoluta que tanto has le?do, te empe?as en agigantar los ya de por s? grandes defectos que todos nosotros tenemos. Trata de ver las cosas tal y como son, ...no les quites ni les pongas caracter?sticas a las personas que conviertes en defectos. Simplemente acepta la gente como es, o te vas amargar la vida tontamente, y de paso a los que te rodean. ...?

Adri?n, a pesar de todo, era un hombre sensato y aunque no acept? abiertamente , que la muchacha tuviera raz?n en lo que dec?a, tampoco lo pudo negar.


------------



Las tensiones y disgustos que Adri?n iba teniendo con las personas que lo rodeaban en el trabajo, en el vecindario, con aquellos que anteriormente fueron sus amigos y hadsta con su madre , a quien tanto quer?a, fueron creciendo hasta el punto de que llegaron a postrarlo en cama en completo aislamiento, v?ctima de una rara enfermedad que ning?n m?dico pod?a diagnosticar con certeza. De este extra?o mal se recuperaba con mucha lentitud, y despu?s de un tiempo, despu?s de tratar nuevamente con la gente, volv?a a recaer y cada una de esa reca?das era peor que la anterior.
Esta situaci?n ya angustiaba al mismo Adri?n, y asimismo a todos los que lo quer?an y que ahora ya no gozaban de esa tranquilidad de antes.
El que hasta hace poco tiempo atr?s hab?a sido un buen hombre, inadaptado si, pero sano en cuerpo y alma, ahora se consideraba a s? mismo como un ?imb?cil?.... que hab?a gustado de vivir, de jugar de cantar....hoy era un ser prematuramente envejecido, enfermo, dolido y amargado, cuyo ?nico deseo era ver pronto su nombre escrito en una l?pida gris del cementerio.

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Por fin, Tachito, quien fuera su primer maestro, viendo el mal estado en el que se encontraba Adri?n, lo mand? llamar, dici?ndole que ten?a algo urgente que comunicarle.
Para esas fechas, nuestro personaje ya se encuentra muy mal de salud, pero m?s que del cuerpo, sus dolencias m?s graves las padec?a en el alma. ?l mismo, convencido de ello aseguraba:

?...Mi fin, gracias al supremos Hacedor de las cosas, ya esta muy cerca...?

Sin embargo haciendo a un lado su desalentada apat?a, acudi? a la cita que le hab?a dado su querido maestro

Tachito, con su serenidad acostumbrada , le pidi? que le explicara lo mejor que fuera posible, lo que le ocurr?a. Adri?n trat? de explicar la terrible aversi?n que sent?a hacia la humanidad.
El maestro lo escuch? con atenci?n y cuando el relato termin?, cerr? los ojos y casi imperceptiblemente sonri?. Despu?s dio unos pasos y con afecto golpe? suavemente el hombro de su alumno, se sent? a su lado y con su voz pausada de siempre, comenz? a hablar.

?...?Ay, mi querido Adri?n!...si tu supieras cu?n bien te comprendo...y me duele m?s a?n tu problema, porque en cierto modo yo tuve la culpa de lo que te ha pasado. Pero tambi?n recuerda, que cuando me pediste que te ense?ara lo que yo sab?a, te advert? claramente, que ciertamente el saber te podr?a dar seguridad en ti mismo...pero tambi?n inconformidad y un gran sentimiento de impotencia ante el mundo...y que la felicidad era muy dif?cil de lograr por ese camino.
Esto es un poco como aquella par?bola de la camisa del hombre feliz...

?Cuando los sabios del reino se dieron a la tarea de traerle al rey la camisa del primer hombre feliz que encontraran en el reino, con un gran asombro se dieron cuenta que el hombre m?s feliz que hab?a en el reino...?no ten?a ni siquiera una camisa!...

?lo recuerdas? Sin embargo si tengo algo de culpa en lo que te ha pasado, pues me ocup? en ense?arte afanosamente mil materias relacionadas con la humanidad, pero me olvid? de que antes de que pudieras aprender tantas cosas buenas sobre los hombres, ten?as que aprender primero a prepararte para ello, aprendiendo a perdonara los dem?s, a los que no han tenido, como tu, la dicha o desdicha, seg?n como se mire, de poder ?SABER?...

?...?Perdonar?...?Acaso eso se puede aprender?...?

inquiri? con cierta incredulidad nuestro buen Adri?n

?...?Claro ! claro que eso se aprende tambi?n. Y tu lo aprender?s con el mismo empe?o con el que has aprendido todo lo dem?s...?

?...Pero si yo no voy hacia el fin del camino y adem?s ya he aprendido tantas cosas que ya dudo poder aprender algo m?s...?

murmur? en voz muy baja y con cierto desaliento nuestro querida Adri?n. Pero el maestro, con tono animoso y muy confiado le asegur?:

?...Nunca es tarde para comenzar cuando se obra de buena fe. y para poder perdonar, siempre nos alcanza el tiempo, por poco que ?ste sea....y adem?s tendr?s que aprender a ser humilde. Recu?rdalo: Saber perdonar y ser humilde
? Tu aprender?s! ...los ver?s...???tu lo aprender?s !! ...?

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Y asi, en muy poco tiempo, Adri?n aprendi? y de nuevo disfrut? el poder vivir en paz y perdonar los errores y defectos que tiene la triste humanidad. Dej? de sentirse superior a los dem?s adoptando la humildad correspondiente de la comprensi?n.

Su vida, tristemente, ya solo dur? muy poco, pues todo ese largo tiempo que se pas? odiando a todos los dem?s, le dej? irremediables y mortales estragos en el cuerpo, que siendo en esencia menos fuerte que su alma, ya no logr? recuperarse jam?s.
Pronto Adri?n muri?. Pero aprendi?, tal y como se lo asegur? aquel maestro, a perdonar...y ya en el fin de su vida comenz? a vivir en completa paz y armon?a consigo mismo y con los que lo rodeaban....
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