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EL BESO (cuento de Gisela)

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EL BESO (cuento de Gisela)

Mensaje por Administración el Miér Mar 09, 2016 11:23 pm

ESTUCHE DE VERDADES Y FANTASIAS

CUENTOS DE
GISELA PFORDTE F.




EL BESO

Sinopsis: Este es un cuento un tanto “surrealista” y breve, en el cual se presenta, un poco desfigurada, la lucha de la juventud por liberarse de los excesivos cuidados de una tutela que llega a hacerse asfixiante. Sin embargo al lograr la libertad muchas veces se pierde lo que representaba la seguridad, el confort, y se tiene que salir a vivir la vida a plenitud, ya que para eso se nos ha creado...para vivir.

--------------------------------------------------

Había una vez un beso. Nació pequeñito, soñoliento, desconcertado y casi sin querer ser. Acostumbraba jugar y hacer mil travesuras entre los rinconcitos de la boca. No hacía ruido...nadie sabía que ya había nacido, y los labios lo protegían y lo acariciaban con esmero, repitiéndole constantemente que se cuidara, porque aún era muy pequeño. Le hacían mil recomendaciones, y cuando el inquieto beso les pedía permiso para salir a pasearse un rato, ellos se negaban siempre, repitiendo:
...”Tienes que crecer primero...aún eres muy pequeño y te puedes extraviar entre los caminos y requiebros del viento...”
Luego llamaban a un viejo suspiro pidiéndole que distrajera al beso con sus sonidos e historias de tiempo.
Pronto el beso se entretenía con las historias del viejo suspiro y no volvía a insistir en su deseo de salir de la confortable boca.

----o----


Pero el tiempo pasó e inevitablemente aquel beso creció. De ser pequeñito y desconcertado, pasó a ser vigoroso, impulsivo, valiente y garboso. Con ese cambio comenzó a crearles serios problemas a sus guardianes, que cada vez se verían metidos en mayores apuros y dificultades para impedir que el joven beso se les escapara con rumbos casi desconocidos y se perdiese en los oscuros pliegues de una piel desconocida.
Día con día los pobres labios inventaban mil distracciones inocentes, con la esperanza de que su beso se olvidara de sus impulsos a salir. Pero ese impulso libertario se agigantaba cuando alguna otra boca menos cuidadosa, dejaba escapar sus besos alocados y éstos llamaban casi a gritos a aquel querido y sobreprotegido beso.
Era en momentos así, que el joven utilizaba toda su labia y encanto para tratar de convencer a los labios de que lo dejaran salir a divertirse un momentito...¡ solo un momentito!...en compañía de aquellos alocados besos que la llamaban desde el umbral de la boca, y que parecían estarse divirtiendo tanto con la formal promesa de regresar pronto a la boca y no extraviarse entre los arrullos del viento o la galanura de una piel. Pero entonces los labios se mostraban inflexibles y duros en su negativa de liberar a su beso y suplicaban casi a escondidas, el auxilio de una impersonal sonrisa para expandirse y evitar que el imprudente beso se les escapara en el primer descuido. Al comprender que no estaban dispuestos a otorgar el permiso tan ansiado.
Era en ese mismo instante cuando la irracional juventud de aquel beso se hacía presente y obsequiaba con una furibunda mordida a los injustos labios que se habían convertido en sus despiadados carceleros, para correr luego a esconderse temeroso, tras de algún diente.

----o----


Con el transcurso de los días, aquel beso maduró. Sus impulsos ya no eran tan alocados, había conocido el pensamiento y de él aprendió a meditar antes de actuar. Se volvió fuerte, apasionado, sabio y conocedor de su propia existencia. Pero sus anhelos de libertad, en vez de extinguirse, se tornaron en una imperiosa necesidad de escapar.
Escuchaba los ruegos de otros besos siempre hermosos y plenos al clamar por él. y se rebelaba contra sus tiránicos labios que nunca lo habían dejado salir ni siquiera un pedacito, manteniéndolo siempre en su boca que fuera su cuna y que con el tiempo se había convertido en la más oscura y triste de las prisiones.
Con la ayuda de su fortuito amigo, el pensamiento, encontró la forma de pasar largo rato mirando hacia fuera , pues procurando en descuido de los labios, lograba colarse hacia las comisuras de la boca y desde allí, colgando en un peligroso abismo, conseguía extasiarse en la triste contemplación del mundo exterior
Intentó mil veces pedir consejo y ayuda al pensamiento para poderse escapar de su opresivo cautiverio...hasta que un día, juntos los dos, beso y pensamiento, idearon pedir la ayuda de un inteligente verso, para que con su auxilio, escondido entre una palabra y la otra, consiguiera al fin, aquel beso su tan ansiada libertad.. Así el beso consiguió conocer las caricias y todo el calor que se refugia en las dulzuras de otras bocas.
Juntos los tres, planearon muy cuidadosamente la estrategia a seguir, y aprovechando que los celosos labios no se habían percatado de la presencia del verso en la boca, muy pronto quedó configurado éste y meticulosamente entretejido en cada palabra se escondió el fugitivo beso.
El día de la fuga, todo salió perfecto. El pensamiento le anunció a los labios que había creado recientemente un verso y era el momento perfecto para dejarlo salir A los recelosos labios no les quedó más remedio que acceder a los mandatos del pensamiento. Y así fue saliendo lentamente el verso, no sin que los labios se dieran cuenta de la extraña dulzura que destilaba cada palabra. Al percatarse de que se le escapaba poco a poco el beso, intentaron cerrarse y detenerlo., ...mas el consejo del suspiro viejo y la melancolía de aquella sonrisa eterna, les hicieron comprender que nada podían ya hacer...que el beso escaparía en la siguiente oportunidad, o acabaría por morirse de puro viejo, por tedio y ya reseco.
Así, el verso siguió fluyendo libre, y con él se escapó, por fin de la boca...también el beso.

----o----


Con la libertad, el beso no vivió mucho ya, conoció la plenitud y el anhelo, pero le duró muy poco tiempo el gusto, pues tal como era su sino, se acurrucó una noche junto a otros besos y con el alba, el viento lo desvaneció y luego ...se olvidó.
Al correr los días, la boca concibió nuevos y más hermosos y pulidos besos. Pero al cuidar de ellos, los labios ya no pusieron tanto esmero y resistencia, pues nunca pudieron olvidar a aquel que fue el primero de todos ellos.
Y de cuando en cuando, casi siempre al caer la noche, esos pobres labios escuchan algo que parece ser una súplica de asilo que viene del viento. Mas no hay ya forma de socorrer al extraviado, pues lo muerto, muerto está y solo queda el consuelo de recordar que...había una vez un primer beso...
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