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Amig@s de la casa
RadioMisterium

EL PODER DE UNA SONRTISA

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EL PODER DE UNA SONRTISA

Mensaje por Administración el Miér Mar 09, 2016 7:11 pm

EL PODER DE UNA SONRISA
Estuche de verdades y fantasias

SINOPSIS Una historia de amor, confianza y comprensión, que nos quiere hacer pensar, que el poder de una simple sonrisa, puede hacer, que el mundo gire más rápido, más lento y hasta en otro sentido. Entre líneas nos trata de comprometer a que luzcamos siempre una sonrisa en los labios.
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Era tarde ya, las 2 o 3 de la madrugada y Erika, metida en la cama y con la cara mojada, escribía en un diario improvisado las penas e ilusiones del día que recién había terminado.

Erika era una muchacha inteligente, buena y hasta bonita, todo esto según el decir de la gente, pero definitivamente ya no tenía 15 años, que es la edad en que comúnmente se usan los diarios íntimos femeninos.
Sin embargo, aquella joven mujer se había enamorado por primera vez, y además le había ocurrido un milagro aunado al de amar.
Ese sentimiento estaba a punto de ahogarla y necesitaba compartirlo con alguien. Pero a la vez en su derredor no pude encontrar a quien contarlo y tristemente se tuvo que conformar con confiarlo al papel.
Por eso, aunque era tarde ya y la casa dormía, la luz de Erika brillaba hasta que el sol la apagaba.

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Todo comenzó un día como otro cualquiera, Erika leía sentada en la sala, mientras su madre, la única compañía que tenía, limpiaba la casa con un afán un poco anormal. El silencio solo era roto por la tenue y dulce musiquilla, que venía desde un rincón.
Por un momento Erika apartó su mirada del libro y no pudo evitar, que sus ojos fueran a clavarse en sus piernas, y con la misma voz suave de siempre, tratando de sonreír, pero con brillo de lágrimas mal simuladas en los ojos, le preguntó a su madre en voz muy bajita:

“....¿qué se sentirá correr, o siquiera caminar, sin la ayuda de nadie y sin el temor de tropezar?.....”

La madre suspiró como si le hubieran quebrado un trozo del alma y volvió a limpiar aquella repisa, que ya había limpiado tres veces cuando menos, pero sin poder contestar. En esos momentos, cuando la tristeza y la esperanza se hacían presentes entre las dos mujeres, la joven levantó la vista hacia la ventana que tenía delante, y se sorprendió al ver, que en la ventana vecina había una sonrisa dirigida a ella.
Era Arturo, un joven recién llegado al vecindario. Tenía más o menos la misma edad de Erika, 23 o 24 años. Era estudiante y sus ojos brillaban de modo muy peculiar. Había alquilado la casa de enfrente en compañía de 3 o 4 amigos más. Seguramente eran fuereños, pues tenían un dejo provinciano al hablar.
El muchacho Arturo era alegre y muy sociable, por eso su llegada había causado un gran revuelo entre las chicas del barrio....
Erika lo había observado 2 o 3 veces anteriormente, pero por detrás de las cortinas, creyendo que así no podría ser vista por el nuevo vecino. Por eso le sorprendió toparse con esa sonrisa tan inesperada, y casi sin darse cuenta, le contestó esa sonrisa con su propia sonrisa. Pero como por instinto, sus ojos se volvieron a resbalar por sus piernas, y de un tirón, como asustada, corrió la cortina y volvió a coger el libro, que por un momento se había quedado olvidado.
Pero ya tenía un ligero temblor en las manos y una transparente sonrisa se dibujó en sus ojos.

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Los días siguieron pasando en absoluta calma, pero Erika se sentía como magnetizada por aquella ventana, que le había enseñado lo dulce que puede ser una sonrisa..
Descubrió que adoptando determinada postura ante su ventana, lograba ocultar los fríos aparatos, que le aprisionaban parte de su cuerpo, y decidió no ocultarse más detrás de las gruesas cortinas.
Desde entonces Arturo vio, que sus sonrisas y saludos eran contestados con la tímida dulzura de la muchacha. Pronto se consolidó una extraña pero muy sincera amistad entre Erika y Arturo y de refilón hasta con los compañeros de éste. Con eso, lógicamente vinieron los inevitables comentarios malévolos del resto del vecindario.

Arturo aprendió pronto a compartir con la muchacha, no solo sonrisas y saludos de buen vecino, sino también alegrías y problemas, gustos, errores y hasta la música que escuchaban, sin importarles mucho, que hubiera toda una calle de por medio entre ellos. Solo cuando él volvía a insistir que dejaran sus respetivas ventanas para estrecharse las manos, Erika volvía a temblar y a refugiarse detrás de sus “protectoras” cortinas.

La madre observaba con mezcla de extrañeza, temor y alegría el desarrollo de aquella amistad...hasta que un día le advirtió a su hija:

“....Erika, una amistad debe fundarse en la sinceridad, nunca en una mentira, y si ese muchacho te busca tanto...¿no crees que deberías permitirle. que venga y te conozca de verdad?....así, no se hace ilusiones. que le puedan dañar....”

Erika no contestó, solo se limitó a temblar...

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El tiempo continuó caminando, pero Arturo se mostraba inquieto, como impaciente, y aunque continuaba sonriente....algo había cambiado en él. El muchacho insistía más que nunca en abandonar las ventanas, pero la negativa obstinada de Erika lo enfadaba y le opacaba la sonrisa.
Ella si sufría con ese enojo y añoraba aquella sonrisa del muchacho alegre, pero aún era más grande su temor a la verdad, que su sufrimiento por aquél enojo.

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.
Arturo empezó a faltar a la cita diaria de la ventana. Fue entonces cuando una vez más la voz de la madre se dejó oír, aconsejando:

“...Erika ...dile la verdad...”

“...¡NO ¡ me repudiará...”

“...su sonrisa finalmente se apagará.
Si te quiere...comprenderá....”

“...¡¡¡TENGO MIEDO !!!...”

gritó desesperada la muchacha echándose a llorar.

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El día llegó, en que Arturo ya no sonrió. Traía el seño fruncido y los ojos muy entristecidos. Parecía como si se hubiera quedado vacío por dentro.

Muchas horas pasaron ese día con los dos parados en sus ventanas, pero sin sonreír.
Las primeras estrellas empezaron a brillar y con ellas Erika empezó a llorar. Su llanto era silencioso, pero brillaba en sus mejillas como si fueran hilos de plata
Después de tanto silencio, por fin, se oyó la voz suave y tristona de Arturo que casi murmuró:

“...Creí que éramos amigos...pensé que me tenías algo de cariño...”

“...Si,...si te quiero, te quiero más de lo que yo misma me imaginaba...”

respondió ella, tratando de sonreír sin lograrlo, y Arturo le respondió:

“...Entonces ven, no te ocultes más detrás de esas cortinas. Ven, yo ya no puedo tenerte solo en esa ventana. Ven ahora o no sonreiré nunca más...”

“...¡Si!..te quiero, pero no puedo.......!!”

“...Entonces no me verás sonreír jamás...
¡Pero ven...por favor,...¡¡VEN !! ....”

Y por fin, y ahogada en llanto, un llanto gris y tibio, Erika lanzó un grito que seguramente se escuchó hasta el final del barrio, exclamando:

“...¡¡ NO PUEDO CAMINAR...ENTIÉNDELO !!...”

“...¿Eso era lo que no querías decirme? ...
Pero si yo lo sabía desde el primer momento, así como sé también, que con dificultades, puede venir hasta mí. Y si de veras quieres mi sonrisa siempre a tu lado, tendrás que venir a buscarla en mis labios....”

replicó Arturo, sin sonreír aún, pero con una luz de fe extraña, que lo iluminaba todo ante sus ojos. Pero la muchacha objetó:

“...Pero si no puedo caminar, cariño mío, cómo quieres que llegue hasta ti...”

“...Si quieres que a mí la sonris , tu vendrás hasta la media calle...¡solo hasta la media calle! ...pues allí te esperarán mi sonrisa y mis brazos, que si tu quieres, te servirán de apoyo para toda la vida...
¡¡¡ PERO VEN !!!.....”

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Y asi volvemos a donde comenzamos. Son ya las 2 o 3 de la madrugada y Erika, metida en la cama y con la cara mojada, escribe en un diario improvisado las penas e ilusiones del día que recién terminó. Y si, ...faltando a las reglas de la educación, sucumbiéramos ante nuestra curiosidad por un momento, podríamos observar, que en el papel solo hay muy pocas palabras escritas, pues en letras mayúsculas solo se lee:

“...LO LOGRÉ, POR SU SONRISA CAMINÉ...POR SU SONRISA LLEGUÉ...”

Mientras tanto en la habitación de a lado con la luz apagada, también metida en la cama, la madre de Erika llora y repite una y mil veces:

“...¡Gracias Padre mío....
¡lo logro! ...por una sonrisa...¡¡.CAMINÓ !! ...”

Y esta mujer, tras largo tiempo de no hacerlo, suspira y sonríe...y es que en verdad. Preguntémonos si hay o no un milagro tan difícil de lograr, como para que ¿una sonrisa no lo facilite?

¿Hemos pensado alguna vez en lo grande que puede ser el poder de una sonrisa?
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