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SOLO QUIEN VIVE PUEDE LLORAR

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SOLO QUIEN VIVE PUEDE LLORAR

Mensaje por Administración el Miér Mar 09, 2016 7:09 pm

SOLO QUIEN VIVE PUEDE LLORAR
Estuche de verdades y fantasias

SINOPSIS Un análisis sobre el cariño de una madre, que por ejercer una exagerada protección sobre la hija,, está a punto de impedir a perpetuidad la libertad, el amor y hasta el llanto, que al fin y al cabo son solo una manifestación más de la vida.

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Es de noche ya, y Brenda se encuentra desvelada y muy confundida. Ha tenido otra de esas discusiones con Doña Lola, su madre, a la cual adora y a quien durante muchos años creyó fiel y ciegamente en todo lo que le decía.

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Pero hagamos un poco de historia, para que ustedes puedan comprender un poco mejor de lo que sucede aquí.
Años atrás, 24 para ser exactos, Lola, quien era una mujer joven y estaba llena de ilusiones, tuvo su primer hijo en medio de las mejores atenciones y cuidados en un buen hospital. Nació Brenda, una niña sumamente bella y que superó todos los anhelos de la joven madre.
Durante 4 meses todo fue alegría en el hogar de Lola, hasta que empezaron a notar, que la niña era algo extraña. Poco después los médicos sentenciaron, que Brenda era ciega de nacimiento.
Desde entonces Lola se apartó del mundo y se consagró en cuerpo y alma a la atención, educación y rehabilitación de su hija. Durante muchos años, para Brenda no hubo más mundo, que su madre y lo que ésta había creado en derredor suyo. Su madre lo era todo, maestra, médico, compañera de juegos, ternura, regaño, aliciente, acicate, besos y en ocasiones hasta fue un látigo.
Al cabo del tiempo Lola triunfó, pues consiguió hacer que Brenda fuera una chica casi normal, al superar por completo su falta de vista. Dentro del mundo, que la mujer había formado para uso exclusivo de su hija, Brenda era reina, dueña y señora absoluta. Era un mundo bello, pero un tanto ficticio, pues Lola había permitido la entrada a todo lo bello, pero le cerraba la puerta a todo lo que los podía dañar a ella y a su hija. La protección, que la madre había desplegado sobre Brenda era muy hermosa, pero sumamente exagerada y a la larga sería dañina para la muchacha. ...
Tan dañina era, que Brenda nunca había llorado....

La chica resultó ser muy inteligente y gracias a los esfuerzos y las atenciones de Lola, se convirtió en una estudiante ejemplar, que siempre estaba ávida de aprender, siempre quería saber más, y más y mucho más. La muchacha creció y empezó a descubrir, que afuera murmuraba un mundo nuevo y desconocido para ella. Como siempre, que tenía una duda, acudió a interrogar a su madre, sobre lo que había en ese otro mundo, que ella no había conocido jamás.
En un principio, Doña Lola intentó negar la existencia de algo, que no fuera la vida que ella había construido para su hija, pero Brenda insistió en demostrarle a su madre, que sí había algo fuera de lo que ellas conocían. Entonces la táctica de Doña Lola cambió ante la evidencia, que le presentaba su hija, optando por pintar lo de afuera como algo horrendo, exagerando los defectos y las maldades, que tiene la naturaleza de las personas.
A Brenda no le agradó mucho la teoría, que le había planteado su madre, así que comenzó a curiosear, investigar y sacar sus propias conclusiones sobre lo que existía más allá del horizonte de Doña Lola.

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Ahí fue, donde empezaron a surgir las polémicas y discusiones entre madre e hija, pues Doña Lola en su afán de proteger a Brenda, le hacía ver, que el mundo exterior era feo, sucio y maloliente y sin una sola pizca de bondad. La muchacha, que había estudiado y asimilado bien lo que su propia madre le había inculcado desde niña, también había aprendido a ver las cosas bien claramente sin necesidad de luz en los ojos y presentía, que su madre estaba, por primera vez, equivocada. Así que sostenía contra viento y marea, que aquel mundo, aunque tenía sus cosas feas, sucias podridas y malas, también había en él sol, calores, canciones, amores y sonrisas bellas.
Sin embargo había momentos, en que Brenda dudaba de sus convicciones, pues su madre se mostraba muy firme en lo que decía, y para la chica era inconcebible, que Doña Lola estuviera equivocada de una manera tan triste. Es por eso, que la encontramos hace un momento desvelada y confundida por las ideas no compartidas de su madre.

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Hace poco, Brenda estaba junto a una ventana y sin imaginarlo siquiera, conoció a un grupo de jóvenes de su misma edad, que le ofrecieron amistad sin importarles demasiado, que ella no los pudiera ver jamás. La muchacha reaccionó, en un principio, temerosa por no haber jamás tratado con extraños. Pero poco a poco recobró la confianza en sí misma, esa confianza, que desde siempre le había inculcado su madre, y aceptó la amistad y el cariño que le brindaron aquellos chicos.
Se trataba de un grupo de muchachos sucios, incumplidos y llenos de defectos, según la temerosa opinión de Doña Lola. Pero para Brenda eran dulces, buenos, alegres, comprensivos, quizás un poco locos, ...pero sobre todo, lo que a Brenda le importaba más de ellos, que la llamaran su amiga... palabra, que nunca antes había escuchado de alguien que se dirigiera a ella.
Hubo muchas discusiones entre madre e hija a cause del grupito de amigos, que ésta había comenzado a incorporar a su vida diaria. Con ellos, la chica escuchaba cosas nuevas, intercambio de ideas, reía mucho y aprendía cada noche a desear un mañana nuevo para seguir descubriendo sueños hasta ahora para ella desconocidos.

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A Doña Lola parecía molestarle mucho la nueva alegría que empezaba a experimentar su hija...al menos eso la chica eso llegó a pensar de su madre. Todo lo que se refería a los amigos de Brenda, se volvía reproches en los labios de su madre.

...”Son tan sucios... tan desaliñados ... tan informales...¡Cómo pueden ser así!...”
...”¿Porqué te caen tan mal mis amigos, mama? Siempre les encuentras errores y cosas feas, a las que les das una importancia que yo no veo...¿porqué?...”
Eso llegó a preguntarle un día Brenda a su madre, sin obtener una respuesta franca y abierta, pues la mujer un tanto turbada, se limitaba a decir:
...”¡Es que no sé cómo puedes soportarles la mugre que traen encima!...”
...” Será que eso no me importa, porque yo les veo la limpieza que traen por dentro, mamá...”

Así terminó replicándole a su madre la muchacha en aquella ocasión en un tono agresivo y poco usual en ella

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Así hubo varias discusiones entre ellas y cada vez el tono de ambas era más airado e intransigente. La posición y los alegatos de Doña Lola iban careciendo cada vez más de fundamento para oponerse a los de su hija, quien insistía en afirmar, que el mundo y la gente eran buenas a pesar de que también tenía sus grandes defectos.
Aquella noche, Brenda le comentó a su madre lo buena amiga, que era Laura, una de las chicas del grupo de sus amigos. Doña Lola, fuera de sus cabales, explotó en una aseveración demasiado rotunda y vehemente:

...”¡¡No existen los amigos!!...habrá amistades pasajeras, quizás, pero amigos, verdaderos amigos..¡no hay!... ¡¡Recuérdalo!!...”

La muchacha tuvo que limitarse a callar e irse a la cama sumamente confundida... porque ella creía en la vida, en la amistad. Brenda creía en sus amigos, pero... ¿Y si su madre tuviera razón? ....¿Qué pasaría se tuviera la razón?.

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Al día siguiente llegaron a ver a Brenda tres de sus amigos, y platicando de varios temas, cayeron en una polémica sobre la libertad y el amor en libertad. Después de largo rato, Laura le sugirió a su amiga invidente:

...”Oye, ¿Porqué no vienes con nosotros? ... Vamos a estudiar en provincia...”
...”¿Se van de aquí?... ¿Porqué? ... ¡No los volveré a oír!... Me van a olvidar...”
murmuró la chica con gran tristeza, recordando, lo que había sido su vida entes de conocerlos...cuando no sabía de otro mundo que no fuera el de su madre.

...” Te estamos diciendo, que te vengas con nosotros. Viviremos muy cerca todos, nos reuniremos todos los días y aprenderemos juntos muchas cosas interesantes.¡Anda, anímate, vamos a vivir!...”
agregó Manolo, otro miembro del grupo, apartándose luego con Brenda para hablarle muy bajito de sentimientos que la chica nunca creyó que podría inspirar...
La muchacha no pudo contestarles directamente a sus amigos en ese instante. Salió del paso con evasivas, pero sin decir un “no” muy definitivo en ningún momento.

Al poco rato los muchachos se fueron y Brenda se refugió en su recámara muy pensativa, y ante los ojos de su madre, un poco extraña. Lola la observaba de lejos por un largo rato, y a la medida que el rostro de su hija iba recobrando la serenidad, esa serenidad de quien ha tomado una decisión importante, el suyo se iba alterando en un gesto de gran temor y dolor. Esa noche ya no hablaron, pero al día siguiente, en el desayuno, Brenda hizo acopio de todo su valor y seguridad y comenzó a hablar con la dulzura de siempre y con mucha firmeza:

...”¿Sabes mamá?... Laura y los muchachos salen hoy para la provincia. Van a estudiar y a ver cosas nuevas. ¡Qué hermoso es poder viajar y compartir cosas desconocidas con los amigos! ...¿no te parece?...”

La madre se limita a encogerse de hombros y sigue desayunando.

...”Ayer Manolo me pidió que fuera con ellos, dice que me quiere y que desea que estemos juntos. Viviremos cerca todos y y todos juntos estudiaremos. Laura me sugirió y aseguró que es fácil conseguirme una beca para que pueda vivir sin problemas y que....”
...”Si se trata de estudiar algún tema nuevo, yo veré de conseguirte libros y quizás hasta un maestro podría traerte a la casa para que te enseñe...”
interrumpió abruptamente la madre, presa ya de un evidente nerviosismo.
...”No mamita, no se trata de estudiar en los libros. Se trata de vivir, de reír con los demás, de querer a alguien, aunque sea sucio y un poco loco. Se trata de que existe alguien, que no eres tu, y que me quiere y que......”
...”¡Ja...y tu te lo has creído!...Pero hija, por Dios, la gente miente en todo. Nadie te va a creer como tu crees. No hay amistad cierta. Tu no puedes salir de aquí, éste es tu mundo. Tu no puedes vivir con la gente, no eres como ellos. ¡Eres ciega, eres diferente!....te van a lastimar ...¡¡vas a llorar!!...”

De esta manera volvió a interrumpir la pobre madre a su hija en medio de un gran pánico sin poder evitar el llanto, que a raudales brota de sus dulces ojos.
Brenda, con un mejor dominio de sus nervios, se levanta de la mesa y acude a abrazar a su madre con esa ternura, que nunca había demostrado antes con ella, y con una sonrisa triste y difícil en los labios, trata de consolarla:

...”No llores , mami, no llores.... Me voy, si, pero en vez de llorar deberías sentirte muy contenta, muy orgullosa, pues hiciste muy bien la tarea que te impusiste cuando yo nací. No tengo complejos, ni miedo a salir al mundo exterior sin tu protección de siempre. Yo ya sabia, que te ibas a enojar al saber que yo me iba a vivir con mis amigos en el mundo de afuera. ¡Lo sabía! Y lo único que te puedo decir, es que te quiero muchísimo, mamita, ...¡muchísimo!...pero compréndeme...Yo sé que tu puedes comprenderme...!
...” Hija, ...no es que me enoje, es que no puede ser. Aquí tienes todo, no puedes vivir afuera, la gente no es tan buena como tu crees. Se reirán de ti... ten engañarán, te lastimarán...¡te harán llorar!...”
...”Quizás, mama, quizás me harán llorar como tu dices. ¿Pero es tan malo tener que llorar? ... Sabes, anoche, por primera vez en mi vida me puse a llorar. Si, lloré, pues me dio mucha pena no poder ver la cara de Manolo, lloré por no poder conocer el color de sus ojos ...la expresión de su mirada...”

Doña Lola en un gesto de protectora ternura amorosa, aprisiona la cabeza de la chica entre sus manos, pero antes de que pudiera pronunciar una sola palabra, Brenda continua hablando con un cierto tono de alegría en su voz:

...”Pero no, mami, ¡No sufras por mi llanto!...Lloré y me dolieron esas lágrimas, porque después sonreí y luego hasta reí. ...¡Reí mucho, casi tanto como antes había llorado! ¿Y sabes porqué?... Porque aunque yo no puedo ver el rostro de Manolo, si puedo oír su voz cuando me dice que me quiere. Puedo sentir su mano firme guiando mis pasos y suave cuando toca mi piel. Puedo hablarle y saber, que me está escuchando....
Quizás, como tu aseguras, esté mintiendo al hablarme de cariño. Quizás mañana, dentro de un mes o dentro de un año, el mismo Manolo me haga llorar, igual como hoy me hace reír. ¿Pero has pensado, que solo los muertos no lloran ni ríen jamás? ¡Solo el que esta con vida se ríe y puede llorar.... y yo tengo que vivir... Tus esfuerzos y desvelos durante tanto tiempo han sido precisamente para eso...
PARA QUE YO PUDIERA VIVIR.... ¿No es cierto , mamita?...”

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Ya no hubo más palabras entre ellas dos. Doña Lola comenzó con los quehaceres del hogar, mientras que Brenda arreglaba alguna ropa en su recámara. Poco rato después llegó Manolo, y sin necesidad de pedir la respuesta de la muchacha, con una linda sonrisa la tomó de la mano y después de darle ambos un beso en la frente a la llorosa Doña Lola, salieron de la casa caminando siempre de frente.

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Brenda volvió a visitar a su madre con frecuencia, pero nunca más volvió a vivir en aquella casa tan terriblemente vacía. Vivió con Manolo y sus amigos largo tiempo, hasta que algunos de ellos tomaron rumbos distintos, sin que esto significara, que se olvidarían los unos de los otros.
Tal y como lo predijo Lola, algunos de ellos no eran lo que Brenda creía, pero otros nunca le fallaron. Manolo permaneció a su lado siempre, pues el cariño entre ellos se convirtió en un sentimiento muy profundo e imposible de romperse jamás.
La muchacha lloró mucho y muchas veces, en ocasiones hasta por causa del mismo Manolo... pero también reía con frecuencia.... y llegó a conocer la felicidad....pese a los negros pronósticos de su madre... y esa risa la compensaba de las anteriores lágrimas con creces.
Los esfuerzos de Doña Lola habían rendido buenos dividendos, pues su hija había superado su ceguera y llevaba una vida como la de cualquier mujer. Naturalmente ella sabía, que Brenda tenía sus penas y que la hacían llorar, pero mitigaba su dolor de madre , recordando lo que le dijera aquél día su propia hija:

...”¿Es tan malo llorar?.....
Solo aquel que está muerto no llora jamás,
Y yo quiero vivir, aunque tenga que aprender a llorar....”
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