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Amig@s de la casa
RadioMisterium

ENGENDRO DEL MAL

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ENGENDRO DEL MAL

Mensaje por Administración el Miér Mar 09, 2016 7:07 pm

ENGENDRO DEL MAL
Estuche de verdades y fantasias

SINOPSIS Una visión fantástica de lo que pudiera ser la llegada de una muerte violenta y no esperada. La muerte de un hombre, que no supo ser todo lo “bueno” que debería haber sido. Un hombre, que a lo largo de su vida trató de eludir toda clase de responsabilidades, y que al final se ve atrapado por un ser maligno que, junto con la vida, le quita también su tan preciada libertad.

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El día comienza apenas a dibujarse con suavidad sobre las montañas que circundan el diminuto y escondido valle...
A pié, lenta y muy distraídamente, aparece por una de las laderas un caminante, que viene muy erguido, enfundado en unos pantalones duros y empolvados, y con una camisa, que aún guarda memorias de su ya muy remota blancura.
Su edad es imposible de descifrar, pues se oculta tras de una abultada y extrañamente acicalada barba rojiza. Se le ve desmesuradamente alto y delgado y moreno por la acción del sol a su espalda.
Todas sus pertenencias terrenales las lleva pendientes de un hombro en un atado de manta ya oscurecido por la mugre.

El caminante se ha detenido a la entrada del valle. En sus ojos de color amielado, se refleja el valle en medio de una expresión asombrada e incrédula por lo que ve. El valle es bello, sin duda alguna, pero hay algo raro y un poco intimidante, que se le mete y descompensa la sangre al solo verlo. Es pequeño, pero Aparenta Una inmensidad imponente y casi desconocida. Su llanura se ve teñida de verdes, morenos y colores bellos entreverados casi magistralmente. Está como salpicado por árboles coloridos y olorosos, que sombrean piadosos, algunos trozos del riachuelo, que se caracolea de un extrema al otro del valle. Y el aire... ¡ah, el aire!... es maravilloso sentirlo acariciando el rostro y entrando por cada poro del cuerpo hasta casi refrescar el alma.
Sin embargo, paradójicamente, hay algo lúgubre, pesado, extraño en este ambiente, en este aire, en este lugar, que a la vez que atrae poderosamente al caminante, le impone la enorme necesidad de huir, de volver sobre sus pasos lo más apresuradamente posible y sin mirar atrás en un buen rato.
Pero hay también algo muy poderoso en este lugar, que confabulado con su gran curiosidad, lo impulsa a seguir caminando, caminando sin saber adonde, porqué y para qué. Camina y a la que avanza, crece en él una sensación extraña, la sensación de que alguien o algo lo sigue, lo vigila, lo mira sin perder uno solo de sus movimientos. Es una sensación agobiante y molesta para quien, como él, ha vivido en la libertad más absoluta durante tanto tiempo. De un momento a otro se da cuenta de algo, que hasta entonces le había pasado desapercibido... el silencio, ese enorme silencio inconcebible en un sitio como este. No hay insectos, no hay aves, que silben o canten y adornen los espacios. Tampoco se escuchan bramidos de fieras entre los matorrales o el crujir de hojas secas bajo los juegos de un cachorro. Nada,,,, no se oye nada.... ni el canto del viento o la brisa al pasar por los árboles y el juego de sus hojas nada..... ni siquiera los propios pasos del caminante se llegan a oír en este lugar....
Al poco rato de venir andando, el caminante se sintió cansado. Con un cansancio milenario y repentino agolpándose en sus pies y sus ojos, como si hubiese recorrido una distancia enorme e invisible. Esa sensación acaba por rendirlo y decide tenderse un momento bajo la sombra de un gigantesco y compasivo abeto.
Pocos instantes después, el caminante se queda profundamente sumido en un sueño, que le hace perder la noción del tiempo por completo...


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A su lado una voz suave, dulce y casi musical, lo hace reaccionar, aunque con mucha lentitud. Al abrir los ojos, recorre con pasmosa exactitud de un extremo al otro el valle y todo está igual que cuando cerró los ojos. Solo hay algo distinto sobre todo aquello, algo nebuloso, maloliente, que flota y se extiende en derredor suyo. Algo intangible pero patente... como un polvillo, que le enturbia la mirada o una luz amarillenta que adormece sus sentidos. Al final de este recorrido, sus ojos se tropiezan con la figura de alguien que se inclina sobre su costado y se limita únicamente a sonreírle.

Es una mujer... alta, muy delgada y envuelta en extravagantes y volátiles vestimentas rojas. La cabellera negra y exageradamente larga, la lleva medio anudada en la nuca y le bailotea sobre la frente una mítica blancura. En sus ojos grandes y del color de la hierba nueva , hay un brillo cegador y provocativo, que atrae al caminante como si fuera un embrujo. Éste se restrega los ojos bruscamente con el dorso de la mano e intenta ponerse de pié, pero no lo logra, no puede alcanzar la vertical, pues se lo impiden definitivamente la mano de la mujer y su enorme cansancio, ese cansancio como el de quien hubiese dormido un año entero, o como si al contrario, hubiese cerrado los ojos solo un segundo antes.
El caminante intenta hablar, pues mil interrogantes se agolpan en sus sienes, pero ella se lo prohibe eficazmente con un ademán muy dulce y gentil. Ni por un instante esta mujer ha perdido su luminosa sonrisa, que expande sus labios magistralmente. Se ha acomodado con suavidad junto a él y pasa sus dedos muy afilados por la frente polvosa del hombre, como si acariciase a un ser pequeño, desvalido e inofensivamente inferior, y al que ella pudiese proteger o bien aplastar de un pisotón según su voluble capricho.
Esta sensación es percibida por el caminante, quien sacude sus sentidos más primarios hasta erguirse y ponerse de pié violentamente, venciendo asíaquel enorme cansancio. ...Su lengua está pesada y torpe y se le dificulta formular en sílabas y palabras todas las confusiones de su mente. Por fin en un gran esfuerzo logra preguntar con voz apenas perceptible a la mujer:
...” ¿Quién eres tu?.....”
A lo que ella le responde, que esa pregunta le correspondía a ella hacerla, pues es él quien se ha ido a meter en su territorio.
Si, efectivamente, todo este extrañamente hermoso valle pertenece en cierto modo a esa mujer... según ella misma lo afirma en un tono un tanto quejoso.... Y ella también le indica,que debe recuperar su serenidad, pues no hay motivo para la desconfiada actitud que demuestra ahora. Y con eso le ofrece darle bebida y alimentos, de los que seguramente tiene necesidad. Pero siempre y cuando y él deponga su hostilidad y vuelva a sentarse a su lado, como hasta hace un momento estaba.
El caminante se ve en parte, rescatado por esa petición, pues ya casi no puede mantenerse de pié, debido a ese aún incomprensible cansancio que lo fustiga. Así que, sin la menor expresión en el rostro, se deja caer junto a su rara y extravagante anfitriona. Entonces la mujer con unos ademanes tan rápidos, que son imposibles de situar en tiempo y espacio, hace aparecer licores y manjares de aspectos delicadamente deliciosos y tentadores.


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Poco después el caminante ha engullido con muy escasos modales todos esos alimentos y reposa tranquilo, recostado bajo el grandísimo abeto. El cansancio se le ha ido diluyendo en los licores y su lengua se ha aligerado velozmente. Ahora charla locuaz y disipado con la mujer, mientras ella parece haber alcanzado el clímax de la belleza y la simpatía...
Han hablado de todo, pero el tema siempre ha sido impuesto mañosamente por la mujer, impidiendo convenientemente de esta manera, que el caminante haga preguntas difíciles, que entorpecerían los avances, que ha logrado en el terreno de su confianza. Sin embargo no resulta tan fácil envolver a un hombre sagaz e inteligente y el caminante ha adquirido estas cualidades después de tanto y tanto caminar. Así que él espera y busca con paciencia el momento más propicio para preguntar. Mientras tanto mira, observa y descubre cada sesgo de esa mujer, la que, aunque muy bella, se ve como rodeada por un velo oscuro, intimidante e incontrolado por ella.
Al fin se presenta el momento oportuno, que el hombre tanto ha esperado y materialmente bombardea a la mujer con sus mil preguntas. Preguntas todas muy lógicas y naturales en estas circunstancias:

...”¿Quién eres... de dónde has salido... qué haces en este lugar... cómo te llamas?...
¡¡dímelo!!...”

Preguntas, todas estas, que no agradan en lo más mínimo a la rara mujer y que ponen una mayor brillantez en sus pupilas, endureciendo un poco esa suavidad, que hay en su imperturbable sonrisa. Así que de un modo muy hábil, ella trata de evadir todo lo que le parece imprudente. Sin embargo, el caminante intenta no desviarse en sus propósitos de averiguar, e insiste, aunque cada vez con menor firmeza , ya que ella pone en práctica todas sus dotes físicas e intelectuales para distraer al hombre. Así, poco a poco va logrando disipar la mente del caminante, llenándole de mimos y halagos, que lo sumergen en una especie de éxtasis delicioso de placeres de todos tipos.


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Así pasan largas e intensas horas, al cabo de las cuales ha ido creciendo en el caminante una muy poderosa atracción en todos los sentidos, hacia esta mujer, de la cual no ha podido averiguar absolutamente nada, excepto un nombre ridículo, que a la legua se siente inventado. El hombre lucha en vano contra esa atracción, que comienza ya a parecerle como algo casi diabólico.
Mientras tanto ella se esmera cada instante más en atenderle y brindarle cualquier capricho, que pueda proporcionarle los mayores placeres de la existencia, incluso ha llegado a ofrecerle hasta su propio cuerpo y sus caricias para hacerle feliz.
Pero las interrogantes siguen martilleando en las sienes del caminante y no le permiten entregarse por completo a esa felicidad, que ella le da...

¿Porqué está ella en este lugar?... ¿Qué cosa es este lugar?... ¿Quién es esa mujer?...¿Porqué se siente esa pesantez en el ambiente a pesar de la enorme belleza del valle? ...¿Porqué ha sido él el elegido para recibir tantas atenciones inmerecidas de parte de esa mujer?... ¿Cuánto tiempo había dormido... si es que había dormido de verdad?...

No, no se lo puede explicar, todo es tan raro, tan inesperado, que no le cabe en la mente ninguna explicación, que pueda tener alguna lógica. ¿Sería un sueño todo aquello? ...quizás... Pero no, no es un sueño, pues siente la tibia suavidad de la piel blanquísima de la mujer. Puede aspirar el mismo pesado aroma que percibió al entrar en el valle. Ha degustado los exquisitos manjares que ella le brindó. Por lo tanto, no es un sueño. Tiene que existir alguna otra explicación más lógica y natural...
.
Tan abstraído se encuentra en sus pensamientos, que no se ha dado cuenta, de que lentamente ha ido cayendo en el juego, que ella le había impuesto. .. Cuando por fin se percata de todo, ya es muy tarde, pues ya no puede, ya no quiere reaccionar y se entrega por entero a los apasionados caprichos de esa mujer que lo envuelve y lo aturde...


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El tiempo ha pasado... ¿Cuánto?... Tal vez ninguno de los dos lo sepa... Un minuto, un año, un siglo...quizás. ¿Pero cómo saberlo?...Todo está igual, nada ha variado, nada parece haber vivido salvo ellos dos.
El caminante se encuentra ya muy mermado en sus defensas tanto físicas como morales, pues ella ya casi no le deja tiempo ni para poder pensar. Se limita solamente a desear y sentir, a sentir y a desear todo lo que la mujer le brinda.
Poco a poco ella ha ido disminuyendo sus esfuerzos por atraer al caminante, pues comienza ya a sentirse segura, ya no lucha, porque se siente dueña y señora de su ser y de sus deseos, lo mismo como si él fuera parte del valle... como si fuera un árbol, un recodo del riachuelo o un soplo del aire que invade todo el lugar... Y en cierto modo si hay justificación para esa confianza. Pues el hombre ya no le opone la menor resistencia y hace todo lo que la mujer le propone.
Sin embargo la rebeldía del caminante, aunque dormida, no ha muerto. Sigue latiendo en algún recóndito rincón de su ser. De vez en vez resurge ésta, con una determinada palabra pronunciada por la mujer o con una actitud de ella que le repulsa y le sacude en su ser interno. Es esta misma rebeldía, la que comienza a inquietar la conciencia del hombre y le hace crecer la idea, de que debe seguir como hasta ahora ha vivido, andando por los caminos y los horizontes grises y azules como sueños y grises y azules como recuerdos. Seguir la vida, que ha llevado siempre, caminando los sueños y los recuerdos,... caminando siempre.
Así que mientras ella se mece en los brazos de la confianza. El caminante prepara sus cosas acomodándolas en el atado mugroso, que le hace las veces de equipaje, al tiempo que recorre visualmente todo el valle. .. este valle, que lo atrae y al que jamás ha podido descifrar. Todo está dispuesto ya ...el atado está completo y bien acomodado...la cara lavada ya... los pies enfundados en las viejas botas. Ya... todo está dispuesto. Solo resta despedirse, decir muchas gracias y adiós al valle y a esta mujer, que le han dado tanto sin que él hubiera pedido absolutamente nada...
El silencio ha vuelto a molestar a sus oídos, se había olvidado ya del silencio, pero ahora lo percibe otra vez... casi lo puede tocar, es pesado y gris como una losa de cementerio, casi podría decir, que éste silencio lo carga él solo, y le duele el lomo por tanto y tan absurdo peso sin cara ni cuerpo...
Sin pensarlo más, se pone de pié y alza la mano hacia la hermosísima mujer, que está medio dormida sobre la hierba. Ella parece sorprendida y sobresaltada ante la ya inminente despedida del hombre.

¡No es posible, no se puede ir así ! Él ya la ha amado, la ha poseído, le pertenece a ella y no la puede abandonar. El rostro, que hasta ahora ha sido hermoso y dulce, comienza a transfigurarse, se torna abultado y discordante y oscurecido. Su figura, antes tentadora, se ha encorvado. El brillo de sus pupilas aumenta ante la incontenible rabia, que la invade y sus labios, antes suaves, muestran una increíble dureza al perder, bruscamente, aquella linda sonrisa que brindaba al caminante desde que apareció a su lado.
Ante semejante transformación, el hombre no puede menos que retroceder con enorme asombro y casi con pavor. ¿Cómo era posible, que sucediera un cambio tan rotundo y repentino en esta mujer, que antes le atraía y que ahora le repulsa? ¿Porqué aquél cambio tan violento, porqué esa rabiosa actitud para con él?

El caminante ha nacido libre y ha vivido libre desde siempre. Además en ningún momento, él ha dicho o siquiera pensado, que permanecería mucho tiempo en este valle. .. Entonces, ¿Porqué esta reacción, y sobre todo porqué esa increíble transfiguración de esa mujer? No lo puede comprender. No le encuentra ninguna lógica para poderlo explicar. El cambio le aterra e instintivamente retrocede, tratando de calmar el indescriptible furor, que se ha apoderado de esta mujer. Y lo logra, pues en cuestión de solo instantes ella vuelve a tomar su apariencia de suavidad y belleza consiguiendo así una confusión aún mayor en el aturdido e inseguro caminante.

Ella se le acerca muy lentamente, mimosa, y tan sonriente como siempre, tratando de borrar con sus caricias la terrible impresión, que provocó su horrorosa transformación. Poco a poco vuelve a consumar sus propósitos, pues el hombre va aflojando sus miembros y sus músculos, que están tremendamente crispados. Poco después ya se encuentran ambos sentados a la sombra del compasivo abeto, sumergidos en una vorágine de caricias y placeres mutuos inducidos por ella.

Los ánimos ya se han calmado y el caminante, escapándose un momento del torbellino, en el que ella lo tiene metido con sus brazos, respira muy hondo y empieza a decirle, que él no se puede quedar más tiempo en este lugar, pues ha sido libre toda su vida...le gusta caminar y conocer distintos sitios y gente nueva. Que precisamente en estos momentos lo están esperando con un magnífico empleo temporal, que le dejará muy buenas ganancias económicas y que satisfará en buena parte sus ilusiones y su ego. Pero esa oportunidad no lo esperará indefinidamente y no quiera dejarla pasar de largo.....

La mujer parece no escucharlo, pues únicamente se limita a brindarle atenciones y placeres, que a punto están de cumplir con su objetivo...el de distraer la mente y el espíritu del hombre, y al que ella mira ya como una parte de su enorme propiedad. Sin embargo él persiste y la hace a un lado en un supremo esfuerzo de su voluntad. Ante esta actitud de valentía y coraje del caminante, la mujer comienza a reír... quedamente primero, después su risa va creciendo hasta que se encuentra en medio de un desbordado fluir de carcajadas, carcajadas, que parecen casi extrahumanas, como si no fuera ella, como si esa boca tan linda y atrayente no fuera capaz de emitir semejante sonido.

El aire, ese manto amarillento, que se extiende por todo el valle, se ha concentrado en el pequeño espacio, que rodea al caminante, a la mujer y al abeto. Es un halo pestilente y sucio. Que aprisionaba hasta casi asfixiar al descentrado hombre... Ella extiende lentamente sus finas manos de dedos largos y afilados, que ahora parecen garras horribles y amenazadoras hasta posarlas sobre el hombre de su hombre, sin dejar de reír ni un solo instante. Por fin, y poniendo un brutal freno a esa risa horrenda, comienza a hablarle muy lentamente. Le explica y le recuerda que él la ama, como nunca antes había amado a mujer alguna y que por ese motivo no podrá alejarse de ella jamás. Que será suyo siempre...que nunca la podrá abandonar.

El caminante se siente como enloquecido... Ella tiene razón, él la ama locamente, pero no puede, ...¡No quiere! ...renunciar a su independencia. Ha vivido libre desde pequeño y tiene que seguir siendo libre, hasta que se muera... Morirse, ...¡Qué idea tan absurda!... él no se va a morir. De solo pensarlo, un escalofrío le recorre todito el cuerpo e intenta desechar rápidamente el espectro de esa idea... Sin embargo, esa mujer... esa mujer lo tiene sujeto como con un hechizo malévolo, que no le permite ni movimiento ni pensamiento autónomo. Todo se rige por ella, en todo está presente ella, como si un virus maligno se hubiera metido en su cuerpo para minarlo y acabar con él. Ella tiene la razón en todo lo que afirma... ¡ Cómo ha de irse si ya la lleva metida en las entrañas! ¿Cómo alejarse de esa mujer? si ya le pertenece a ella por haberla amado con toda su pasión de hombre de mundo. ...¿Y si se fueran juntos?... ¿ Si se la llevara consigo? ¡ Si!, es una buena idea... una muy buena solución. ... la llevará con él a recorrer el mundo y sus horizontes grises y azules como sueños. Caminarán y conocerán el mundo juntos... ¡¡Es la mejor solución!!

Al conocer su idea, la mujer vuelve a reírse, pero en su risa de ahora se adivina un dejo imperceptible de algo que casi parece tristeza. Pero ríe, ríe fuerte y vocifera, que no puede ser lo que él propone, ya que ella solo puede vivir en este lugar, en el que ha sido confinada por orden de un superior.
...” Si yo saliera de aquí...¡morirás!..”
afirma lacónicamente y hasta un poco asustada. Por lo tanto, él debe quedarse ahí, a su lado, donde todo lo que quiere, todo lo que desease, todo lo que nunca ha podido obtener, le será concedido, aún antes de haberlo pedido expresar, y todo eso a cambio de muy poca cosa... solo tiene que sacrificarse un poquito, dejando de lado su libertad, su orgullo y todos esos buenos propósitos y ambiciones tan legítimas y honrosas, que alguna vez tuviera. Solo eso a cambio de una felicidad perpetua y muy fácil... solo dejar su alma vacía .. es todo lo que necesita, para quedarse con ella y alcanzar esa plena felicidad.

El caminante vuelve a retroceder unos cuantos pasos, mirándola con indecible asombro. De pronto le parece, que está mirando a esa mujer por primera vez en su vida. La tiene delante de si y no le parece posible, que sea la misma mujer, suave y gentil, que él ha tenido por compañera y amante durante estas últimas horas. No puede ser, ¡pero si!... ¡si es ella!... la que colmándolo de caricias y halagos lo rescató del hambre, del cansancio y la sed, enseñándole a la vez todos los secretos del arte de amar. Le enseñó un amor nuevo, distinto, que no conoce de tregua ni reposo y que lo sumerge en el torbellino más espantoso, que se pudiera imaginar. La ha descubierto mala y cruel, a pesar de su incomparable hermosura y sin embargo, la sigue amando sin medida ni freno alguno. La sigue amando con un raro y mal sentimiento, al que él mismo juzga de locura o de algo mucho peor.
En medio de su confusión y aturdimiento, solo una cosa ha quedado bien clara para él. Ama a esa mujer con un sentimiento casi sucio y podrido, que no merecía el nombre de ser llamado amor, aunque al fin y al cabo ya sea el eje y principal motivo de todo su existir. Casi se ha convencido, de que ya resultaría totalmente inútil rebelarse y luchar contra ese amor. Así que rompe en sollozos bruscos y desesperados, mimos que ella corta de un tajo poniendo sus dedos blanquecinos y helados sobre la abatida frente del caminante....

El valle se va oscureciendo mientras los brazos de la mujer parecen crecer y abrazarlo todo en una actitud diabólicamente posesiva. .. Mientras la piel del hombre se ha tornado violácea y ceniza, como si hubiera perdido la vida en un solo instante, y se abandona ya sin reparos ni temores espirituales a esa vida fácil y denigrante, que ella le brinda desde ahora y, según afirma, para siempre.
En ella hay un gozo indescriptible, al sentirse dueña absoluta de ese ser, que ha perdido ya la mayor parte de sus cualidades humanas, para convertirse en un juguete grotesco de sus malsanos caprichos... Ya no es la mujer hermosa y gentil que se presentó ante el caminante al despertar éste de su sueño a la sombra del piadoso abeto. Ahora es muy tosca y fea un aspecto de aspereza en toda ella. Pero él parece ya no notarlo, pues hasta su mismo ser se encuentra cambiado también. No se puede explicar, lo que ha ocurrido, pero se siente distinto, como si al aceptar como amante perpetua a esa mujer, se hubiera quedado hueco, casi vacío por dentro , como si su cuerpo ya no tuviera valor alguno...

Ella comienza a hablar, como al principio, cosas tontas y banales, sin mucho sentido, y que al caminante poco a poco le interesan , hasta que, después de un breve lapso de silencio, los dos se echan a caminar hacia el centro del valle, en el cual, lentamente, van apareciendo hombres y mujeres como si brotaran de la tierra misma. Todos tienen un aspecto deplorable de completa decadencia y podredumbre humana. Todos ellos les miran como adormilados y se inclinan un poco, como en una breve y automática reverencia servil, cuando ella pasa delante de ellos.
El caminante los mira pero casi no los puede ver. Se ha quedado vacío, ya nada le puede conmover. Sus ojos ahora solo la ven a ella, porque ya es esta mujer la única dueña de su ser. Todos esos hombres y mujeres, que ahora deambulan por el valle, se asemejan mucho a lo que hoy es el caminante. Si miran unos a otros, pero seguramente jamás se llegan a ver. Algunos gimen lastimeramente al tiempo que otros mordisquean sus propios y desangrados labios o se revuelcan adoloridos por el piso. Son seres sin alma, sin brillo en los ojos, son seres que pertenecen a esa mujer, son seres, que parecen muertos que viven, o vivos que se están muriendo muy despacio. ...
En un último estertor de su voluntad, el caminante se detiene un momento y con la voz hueca e impersonal se aventura a preguntar:

...”Ahora que estoy aquí... ahora que soy tuyo...¿Cómo te debo llamar?...¿cuál es tu nombre?...”
A lo que ella responde sin ninguna emoción en la voz...casi con naturalidad;
...” ¡¡ LUZBEL !!...”


------------------



Ha anochecido ya y la patrulla de rescate se encuentra totalmente extenuada. Han recorrido medio desierto en busca de un hombre, que tomando el sendero equivocado y creyendo cortar camino, se internó más en estas enormes soledades.
Uno de ellos, el hombre que le había ofrecido trabajo unos días atrás, al ver, que no llegaba el interesado en el día acordado, dio aviso a las autoridades, pues temió, que se había extraviado por el camino. Pero han pasado ya siete días de búsqueda y aún no lo han podido encontrar. La esperanza está ya casi perdída, cuando uno de los hombres, que integran la patrulla grita a voz en cuello:
...”¡Allá está! ... ¡Si!...¡ya lo vi, allá está!! ...”
A sus gritos, acuden todos los demás con rapidez. Pero ya es tarde. El hombre ha muerto ya de sed y sol. Otro de los integrantes de la patrulla, al acercarse al cadáver, lo limpia y le cubre la cara con un pañuelo muy blanco, mientras algunos de los otros prefieren voltear la mirada hacia otro lado, para no tener que verlo. El aspecto de aquel hombre es grotesco y un tanto adolorido. Unos tratan de enderezarle el cuerpo casi a jalones pues ha quedado todo retorcido. Mientras un viejo, parado a un extremo del círculo, que han formado aquellos hombres, se enjuga una lágrima solitaria y compasiva, que se le resbala por la mejilla un tanto áspera y oscura. Quizás esa era la única légrima, que por ese hombre se llore...
...” Era un vagabundo... pero aunque a su modo, era bueno y algunos lo querían, pero nadie lo reclamará....”
Eso comenta en voz baja un hombre aquí y otro allá. Al mismo tiempo, que el que parece ser el jefe de la patrulla de rescate comenta con tono muy experimentado:
...”Pobre caminante... murió en medio del desierto y a juzgar por su aspecto, luchó ferozmente por no perder la vida...”
y todos al mismo tiempo se conduelen y murmuran con voces recias que son desparramadas por el viento:
...” Pobre Caminante...”
...” Pobre caminante solitario...”
...”Si, pobrecillo del caminante que creyendo ir hacia la vida fue hacia la muerte...”
...” Pobrecito...”


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