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UN PEQUEÑO CUENTO DE AMOR

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UN PEQUEÑO CUENTO DE AMOR

Mensaje por Administración el Miér Mar 09, 2016 7:05 pm

UN PEQUEÑO CUENTO DE AMOR
Estuche de verdades y fantasias

SINOPSIS Como su nombre lo indica, éste es el relato de un amor en su más pura concepción, el cual surge entre dos seres aparentemente muy disímil. Pero en el fondo, ambos tienen la misma necesidad de AMAR, y se dan al amor sin formulismos ni conflictos, que les resultarían superfluos. Sin poner ataduras ni plazos a su amor, cuando éste termina, simplemente lo recuerdan con una sonrisa.

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Durante muchos muchos años una mujer vivió metida entre las cuatro paredes de su casa, una casa vieja y limpia, pero siempre triste y oscura, pues jamás se ha visto iluminada por el sol. El tiempo se le había ido de las manos, sin que la mujer se percatara de ello.
Un día, un pordiosero llamó a la puerta de aquella casa en busca de un pedazo de pan y un momento de cobijo...y con la mano de aquel mendigo también tocó en esa casa el calor del sol...
La mujer, aunque nunca había tratado con nadie, era piadosa por naturaleza, y le concedió al hombre lo que pedía. Ella no tenía un solo rasgo de belleza en el rostro. El pordiosero era todo mugre y mal olor. Pero el sol los iluminó a los dos y el tiempo así y en cierto modo los unió..

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En el pequeño pueblo comenzaban ya a murmurar tras los portales, sobre la extraña y tierna amistad, que había surgido entre la misteriosa dama y el despreciado mendigo del pueblo.
Día con día el pordiosero acudía a tocar en aquella puerta en busca de un trozo de pan y un poco de conversación, y la añosa dama ya tenía lista ambas cosas cada mañana para darlas a su asiduo visitante. La gente no podía comprender, de qué podían hablar tanto tiempo dos seres tan distintos como aquellos. Sin embargo, así era, pasaban horas enteras platicando sin parar. ¿De qué era de lo que hablarían?...¿Qué los mantenía tan unidos cada día más tiempo?... ¿Qué los hacía sonreír de cuando en cuando al mismo tiempo a los dos?
No se supo entonces y posiblemente no se sabría nunca. Pero ahí estaban ambos, sentados en el portal de la vieja casa, mientras el sol les entibiaba los rostros.

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Así pasaron varios días... algunas semanas, y la extraña pareja platicando cada día más tiempo en el portal de aquella casa... el pordiosero sonreía ... y la mujer también.
El pueblo cuchicheaba, susurraba, criticaba y curioseaba sin poder saber jamás de qué tanto hablaban. Platicaban y sonreían en el portal, frente a la mirada de todos los que pasaban, sin que ellos se dieran cuenta de sus intrigantes miradas. Hasta que llegó un día el momento, en que ambos se dieran la mano y por primera vez entraron en la casa, cerrando el portón a sus espaldas....

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Poco tiempo después, el pueblo malévolo se sonrió un poco a hurtadillas, pues el pordiosero se mudó para otra aldea y todos se preguntaron, quien de los dos había hecho más grande su caridad...
Ella, que le dio un trozo de pan...o él, que le dio una noche de cobijo y quizás algo más...
Naturalmente esto les proporcionó la oportunidad de poder marginar un poco más todavía a la ya de por sí relegada y marginada y olvidada mujer, que vivía en la casa más vieja de todo el pueblo.

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El mendigo se fue, ¡si! ... pero la mujer, aquella dama añosa y melancólica, no lloró, sino se limitaba a sentarse en el portal, mirando sin mirar, esperando sin esperar ya nada, pero levantando la vista hacia el camino y de vez en cuando, sonreía recordando quizás a aquel pordiosero, el que fuera un tiempo su amigo y compañero de habitación.

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Después la gente se fue olvidando de lo que ahí ocurrió y todo volvió a ser como era antes.... con la única diferencia, de que aquella casa vieja y su única habitante ya no eran ni tristes ni hurañas, ni oscuras, pues desde entonces las bañaba y besaba diariamente el sol y el recuerdo de un amor......
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